2.- BORIS I DE ANDORRA DECLARA LA GUERRA AL OBISPO DE SEO DE URGEL (JULIO, 1934)
3.- LAS TRES GUERRAS DE INDEPENDENCIA Y UNA DE SECESIÓN DE LA REPÚBLICA DE CONCHA (1982-2008)
4.- INSURRECCIÓN Y SECESIÓN DE LOS SEMÍNOLAS MIKAYUKI Y LOS TUSCARORA (1959-1960)
5.- LA LARGA GUERRA DE LA ISLA DE HANS (1973- HASTA NUESTROS DÍAS)
6.- LA GUERRA DEL CERDO (1859)
soldado interesado en el artículo presente.
INTRODUCCIÓN
En tiempos violentos, nefastos y llenos de mortandad como los que vivimos en la actualidad, siempre es bueno buscar alivio y positividad. Por eso he decidido presentar al lector un listado de guerras (enfrentamientos, levantamientos, revoluciones y secesiones) que cursaron sin víctimas. Una serie de guerras sin muertos.
2.- BORIS I DE ANDORRA DECLARA LA GUERRA AL OBISPO DE SEO DE URGEL (JULIO, 1934)
El Principado de Andorra no ha sido nunca un estado exactamente independiente. Desde la Edad Media ha estado bajo la soberanía de dos copríncipes: el rey de Francia, más tarde el presidente de la república francesa, y el obispo de Seo de Urgel. En la época que nos ocupa: Albert Lebrun y Justino Guitart.
En julio de 1934 un aventurero ruso que había sido espía al servicio de los ingleses, Boris Skosyrev, logró mediante promesas de enriquecerlos rápidamente que los regidores andorranos le nombraran rey. Comenzó así el reinado de Boris I, que duró menos de un mes.
El presidente de la república francesa, Lebrun, aceptó la decisión del Consejo General de Andorra remitiéndose al resultado de un futuro referendum. Don Justino, el obispo, en cambio, se negó a perder la soberanía sobre Andorra, de modo que el altivo y entusiasta Boris I le declaró la guerra. El gobierno de España, en ese momento presidido por el lerrouxista Ricardo Samper, no tenía mucho que decir en el asunto, pero el obispo recurrió a la Guardia Civil y esta envió a Andorra un pequeño contingente mandado por un sargento y compuesto por varios guardias, que entraron en el territorio rebelde y localizaron al usurpador deteniéndole sin dificultad ni oposición alguna.
Skosyrev fue expulsado de España tras pasar por la cárcel en Barcelona y Madrid y así acabó la incruenta guerra de secesión e instauración monárquica de Andorra.
3.- LAS TRES GUERRAS DE INDEPENDENCIA Y UNA DE SECESIÓN DE LA REPÚBLICA DE CONCHA (1982-2008)
Patriótica muchacha enfundada en la bandera de la República de Concha.
1ª GUERRA DE INDEPENDENCIA (UN MINUTO DE VIOLENCIA, 1982)
En 1982 la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos decidió instalar una barrera en el inicio de la carretera que conduce a los cayos de Florida para interceptar narcóticos e inmigrantes ilegales. Esa medida perjudicaba el turismo en los cayos y el alcalde de Cayo Hueso, Dennis Wardlow, decidió independizarlos fundando la República de Concha. Para ello se hizo con una barra de pan, buscó a un miembro de la marina de los Estados Unidos, se la partió en la cabeza y proclamó la independencia solo para rendirse al cabo de un minuto. No parece mucho, pero por estos pagos conocemos repúblicas más ridículas y más efímeras (¿verdad que sí, Puigdemont?).
2ª GUERRA DE INDEPENDENCIA ( ARTILLERÍA ACUÁTICA, 1995)
En 1994 la República de Concha fue invitada a participar en la Cumbre de las Américas celebrada en Miami y, quién sabe si como advertencia, al año siguiente, el 478 Batallón de la Reserva del Ejército de los Estados Unidos fue designado para realizar unos ejercicios militares en los cayos, fingiendo la conquista y ocupación de una «isla extranjera». Nadie se molestó en advertir a las autoridades de los cayos y Wardlow, ese héroe, al enterarse por su cuenta de la proyectada invasión cargó varios yates civiles con globos de agua y salió a interceptar la armada enemiga. No lo consiguió, pero muchos marineros yanquis acabaron empapados.
3ª GUERRA DE INDEPENDENCIA (CONQUISTANDO UN PEDAZO DE PUENTE, 2006)
El puente de las Siete Millas que unía a los cayos con Florida debía ser reemplazado. Se construyó uno nuevo y el viejo se fragmentó en diversos tramos para impedir el tránsito por él. En Hollywood aprovecharon los restos del puente todavía en pie para conseguir espectaculares exteriores para diversas películas (Mentiras Arriesgadas, Misión Imposible III, etc) y los conchudos o concheros para ampliar su territorio. Puesto que al dejar de estar unidos al continente consideraron que ya no formaban parte de los Estados Unidos, decidieron anexionarlos a la república en una acción de conquista que no causó ningún muerto y que el Estado de Florida jamás ha reconocido.
GUERRA DE SECESIÓN (2008)
Toda joven nación se enfrenta al riesgo de escisión. No otra cosa le ha pasado a la República de Concha. El alcalde de Cayo Largo se sublevó contra el de Cayo Hueso y declaró los Territorios Libres del Norte independizándose de la República de Concha. También sin muertos.
4.- INSURRECCIÓN Y SECESIÓN DE LOS SEMÍNOLAS MIKAYUKI Y LOS TUSCARORAS (1959-1960)
Los semínolas mikayuki y los tuscaroras permanecían en Florida, de donde habían sido expulsados los restantes miembros de sus naciones. Habían conseguido, incluso, unas reservas que el Estado de Florida no les quería reconocer, de modo que en 1959, cuando Fidel Castro llegó a La Habana, representantes de ambas tribus le visitaron para independizarse de Estados Unidos y pasar a formar parte de Cuba. Fidel Castro los acogió, pero la sangre no llegó al río. Al año siguiente el Estado de Florida reconoció a su vez las reservas a las que todavía no habían llegado soldados cubanos y que todavía hoy siguen formando parte de los Estados Unidos.
5.- LA LARGA GUERRA DE LA ISLA DE HANS (1973-HASTA NUESTROS DÍAS)
La isla de Hans, en la práctica un islote deshabitado, se encuentra en el Estrecho de Kennedy, entre la isla de Ellesmere (Canada) y Groenlandia (Dinamarca) y ambas naciones reclaman su soberanía sobre la misma.
Periódicamente, los soldados canadienses desembarcan en la isla, arrancan la bandera danesa, izan la canadiense y dejan una botella de whisky Canadian Club junto con un cartel que dice: «bienvenidos a territorio canadiense». Entonces los daneses lanzan otro desembarco, quitan la bandera canadiense, izan la danesa, se llevan el whisky y dejan una botella de schnapps junto con un cartel que reza: «bienvenidos a territorio danés».
Ignoro cuando cesará tanta hostilidad y acabarán llegando a un acuerdo como el de España y Francia con la isla de los Faisanes, en el Bidasoa que, desde 1659, cambia de soberanía cada seis meses pasando alternativa y pacíficamente de un país al otro.
6.- LA GUERRA DEL CERDO (1859)
Simpático descendiente de la única baja de la Guerra del Cerdo.
Las islas de San Juan se encuentran entre la isla de Vancouver y el continente y es preciso decir que los primeros en cartografiarlas y reclamarlas fuimos los españoles en 1791. Ello no obstante, a la altura de 1859 estaban en disputa entre Inglaterra y los Estados Unidos.
Un granjero estadounidense establecido en la isla de San Juan encontró a un cerdo comiéndose sus patatas y lo mató a tiros. Resultó que el cerdo pertenecía a un irlandés al servicio de los ingleses que reclamó sin éxito una compensación al yanqui. Ello fue enrareciendo el ambiente y llevando tropas de ambos países a la zona.
Nadie quería ser el primero en abrir fuego y ambos ejércitos se dedicaron durante semanas a insultarse y provocarse sin disparar un solo tiro, aunque no dejaban de llegar barcos de guerra y batallones a la zona. Finalmente, se recurrió al arbitraje de Alemania, que cedió la isla a los Estados Unidos.
Sin duda, el más profundo y fundamental diálogo intertextual de los Evangelios cristianos es el establecido entre el de San Juan 8-32, cuando el protagonista del libro afirma que » la verdad os hará libres» y poco más adelante (8-38) en su comparecencia ante Poncio Pilato habla de la verdad y este le responde con una pregunta propia de un filósofo grecorromano «¿y qué es la verdad?»…
Nos encontramos ante la disyuntiva entre fe y razón. Entre totalitarismo teocrático y relativismo humanista. Cabe recordar aquí a Marco Aurelio, que en sus Meditaciones afirmaba taxativamente: «Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es simplemente una perspectiva».
Vivimos en una época de verdades absolutas. En otras palabras: de totalitarismos emergentes. Yo quiero reivindicar aquí la duda y el escepticismo.
Todo dogma, ahora y siempre, debe ser desacatado y vulnerado. Toda ideología debe ser tenida por opinión y confrontada con la razón. Esa es mi postura vital y filosófica. La del eterno disidente.
Frente a cualquier mesías o seguidor de tal, es preciso adoptar la irónica postura de Pilatos y recordar la cordura de Marco Aurelio como filósofo (obviemos su dimensión política).
POSDATA.
En lo tocante al famoso poema de Antonio Machado: «¿Tu verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela» que seguramente algunos traerán a colación debo afirmar que se encuentra de lleno, y sé el escándalo de esos mismos al leerlo, dentro del ámbito del totalitarismo teocrático y en directo contraste con el escepticismo humanista. Pero, sobre este asunto, hablaremos en otro momento.
Cualquier escritor y editor, por muy incompetentes que sean, saben de sobra que un buen título y una buena portada son, junto con la máxima publicidad y la más adecuada distribución posibles, la receta mágica para el éxito inicial de un libro. O de un artículo y tú, amigo lector, si has llegado hasta aquí, lo has descubierto también.
A veces las inadvertidas erratas o la insultante estulticia de un autor con ínfulas de divo son las que dan con la tecla del título llamativo.
En el caso que nos ocupa, y que da título a esta entrada insulsa y vacua (las sustanciosas y enjundiosas resultan a menudo menos interesantes para el lector), la clave del título se debe a la segunda causa.
Una chica recién graduada en psiquiatría, muy concienciada en el feminismo predominante y deseosa de aportar su granito de arena, ha escrito un libro basado en la premisa de que las mujeres, para empoderarse del todo, deben separar su placer sexual del trato con los hombres. Eso las conduce al lesbianismo y la masturbación
Como, por lo visto, resulta extraordinariamente complicado que las mujeres encuentren la satisfacción sexual, sobre todo sin el adecuado asesoramiento de esta egregia consejera, la joven psicóloga ha escrito un mamotreto de casi mil páginas explicando a las mujeres el modo de masturbarse para no solo alcanzar el placer y la satisfacción sexual sino para empoderarse y liberarse del yugo patriarcal. Ha llamado al grueso opúsculo Manual de Masturbación Cuántica…
…Y por alguna extraña razón, en lugar de someterlo al criterio de alguna aguerrida correligionaria, me lo ha traído a mí, último mono de la literatura patria y ente de lo más patriarcal, para que lo evalúe. Me han bastado dos páginas para comprender que, además de ser la autora una fervorosa practicante de lo que predica (lo cual no deja de ser un triste desperdicio, porque es guapa y debería compartir su belleza y juventud, aunque fuera con aguerridas y peludas correligionarias), confunde «cuántico» con «tántrico».
Su pestiño onanista, quiero decir: su obra liberadora y empoderadora, debería titularse Manual de Masturbación Femenina Tántrica. Le he informado de su error y ha quedado muy contristada, quizá interrumpa su intención de publicar el dichoso manual incluso una vez corregido (en Word resultaría un proceso de lo más sencillo). Sea como fuere, le he pedido que me deje utilizar el erróneo título original que hoy sirve para encabezar esta entrada y algún día, quién sabe si para originar algún tipo de novela de ciencia ficción con mucho de erotismo canalla y sentido del humor negro.
Estamos en época de crisis, no hay que desperdiciar nada, ni siquiera la estupidez ajena.
Aspecto de los guerreros longobardos en el siglo VIII
A mediados del siglo VIII la situación de Roma y del papado estaba experimentando un cambio profundo. Hasta entonces, y desde la derrota de los ostrogodos a manos de los bizantinos en el siglo VI, había formado parte del Exarcado de Rávena, la zona de Italia controlada por el emperador de Constantinopla que, a su vez, nombraba al exarca.
Dicho Exarcado se dividía en ducados gobernados por un funcionario con atribuciones civiles y militares (el duque) que solía ser una personalidad local nombrada y depuesta a su vez por el exarca a quien debía rendir cuentas.
Así las cosas, la antigua capital del imperio y sede del obispado romano estuvo durante dos siglos bajo la autoridad del Ducado de Roma y del Exarcado de Rávena careciendo de poder político real. Eso cambió cuando los emperadores de Constantinopla intentaron imponer la iconoclasia, una herejía que censuraba la adoración de las imágenes sagradas. La medida, considerada demasiado afín a las posiciones ideológicas de los judíos y, lo que era peor, de los musulmanes que estaban expandiéndose en esos momentos, fue rechazada enérgicamente en todo el imperio, pero, con mayor fuerza, en Roma donde la estructura eclesiástica vio la oportunidad de librarse del yugo bizantino y asentar de una vez por todas la primacía del papa sobre el patriarca de Constantinopla y el emperador.
En 727 el papa Gregorio II se negó a asumir las tesis del emperador León III sobre la iconoclasia, dejó de acatar su gobierno y de pagar impuestos deponiendo al duque de Roma y nombrando otro afín. Lógicamente, el exarca de Rávena, Pablo, trató de someterlo, pero un motín dentro de su propio ejército lo costó la vida y barrió el poder bizantino de la Italia septentrional y central, permitiendo a Liutprando, el rey de los longobardos, conquistar Rávena y marchar sobre Roma en 728.
El papa Gregorio II logró evitar que Roma cayera en manos de los longobardos a cambio de reconocerles y entregarles Rávena y los demás territorios que habían conquistado, pero los ducados de Roma, Perugia y Toscana quedaron libres y en manos del papado que asentó su poder asumiendo el mando de los soldados bizantinos amotinados contra el exarca que se asentaron en los territorios que ahora controlaba el papa (y serían el núcleo de los nacientes Estados Pontificios) a guisa de nobleza territorial laica. Los generales y oficiales pasaron a convertirse en señores territoriales locales y comarcales al servicio del papa originando una clase social nueva que, desde el principio, se enfrentó a los próceres eclesiásticos, procedentes de la propia Roma y de la Italia central y del sur, que aspiraban a cimentar similares posiciones para ellos y sus familias.
La jugada de Gregorio II puso en manos del papado el centro de Italia, creó un poderoso partido romano-papal que perduraría décadas en el poder imponiendo varios papas y dio origen a un estado independiente, pero no tan fuerte como cabía esperar. Los longobardos, que habían invadido Italia en 568, y controlaban muchas de sus regiones, habían sido contenidos por el poder bizantino, pero desaparecido este en 728, quedaban con las manos libres para seguir apoderándose de los territorios en los que no habían podido asentarse hasta entonces. El propio Liutprando había conquistado Rávena, antigua capital imperial (desde 407) y de la Italia bizantina desde 562 y tratado de ocupar Roma.
Durante los quince años siguientes, Roma viviría en permanente lucha contra los longobardos encabezados por Liutprando y su nieto Hildebrando sin poder contar con la ayuda imperial. En esa guerra, larga y difícil, los longobardos acabaron llevando la mejor parte ocupando territorios en Toscana, Perugia y el propio ducado de Roma que perdían los soldados bizantinos pasados al papa y convertidos en nobleza territorial, lo que sembraba su descontento y favorecía las posiciones de los señores eclesiásticos, cuyos intereses y posesiones se concentraban principalmente en torno a la propia Roma resultando menos dañadas por la guerra.
Desde el principio, los papas miraron hacia los francos para que se convirtieran en la fuerza que les sacara las castañas del fuego en lugar de los bizantinos, pero en ese instante los francos se encontraban en medio de una profunda crisis que, a través de golpes de Estado y guerras civiles, conduciría a los Carolingios (encabezados por Carlos Martel y Pipino el Breve) a ocupar el trono que desde el siglo V había pertenecido a los Merovingios y, durante algunas décadas no pudieron obrar fuera de sus propias fronteras.
Ello condujo a los papas a intentar otras componendas políticas.
Gregorio III, que sucedió a Gregorio II en 731, trató primero de aplacar a Liutprando y, cuando esto no funcionó, se unió a la sublevación de los duques longobardos de Spoleto y Benevento contra él mientras se ponía en contacto con el franco Carlos Martel tratando sin éxito que atacara a los longobardos desde el norte.
El sucesor de Gregorio III, el papa Zacarías (741-752), continuó su política alentando las sublevaciones de los duques longobardos hasta lograr que Hildebrando fuera depuesto en 744 y sustituido por el duque de Friuli, Rachis, que presentaba un perfil político de lo más adecuado para trabajar en aras no solo de la paz sino, también, de la consolidación de un régimen longobardo-papal que reprodujese la simbiosis de intereses y la armonía política entre romanos y germanos que habían significado los reinos de Odoacro (476-493) y los ostrogodos (493- 553). Rachis estaba casado con Tassia, una romana de clase alta, y ello le permitía jugar un papel mediador entre ambos pueblos.
Durante un lustro la apuesta funcionó, pero, al cabo, Rachis se vio forzado por el partido nacionalista longobardo a reiniciar las políticas expansivas aprovechando la debilidad de los francos y los bizantinos. Era el momento de apoderarse de toda Italia y sin contar necesariamente con el papa, cuyo poder territorial todavía no se había consolidado. De modo que en 749, se vio obligado a invadir el ducado de Perugia y asediar su capital, hacia la que se dirigió el papa Zacarías para negociar. Ignoramos el contenido de aquellas conversaciones, pero conocemos su resultado: Rachis levantó el sitio de Perugia y regresó a su capital en el norte, Pavía, donde antes del final de año fue depuesto por el partido nacionalista que impuso en el trono a su hermano Astolfo huyendo él con su familia a Roma, donde encontró asilo político ingresando como monje en Montecassino.
Astolfo regresó a la política expansiva reconquistando Rávena (751) que habían recuperado años atrás los bizantinos y avanzando de nuevo hacia Roma.
La situación del papado llegó a ser tan apurada, que Esteban II, sucesor de Zacarías, en el 752, abandonó Roma viajando apresuradamente a las Galias, donde Pipino el Breve se había hecho finalmente con el poder entre los francos (en 750 el papa Zacarías le había autorizado a deponer al último rey merovingio, Childerico III, coronándose él mismo como tal, origen de la dinastía real de los Carolingios) para pedirle ayuda. Resultó una jugada maestra. A cambio de ser coronado por el propio papa y recibir títulos de gran prestigio para sí y sus hijos, como el de Patricio Romano, Pipino el Breve se convirtió en brazo ejecutor del papa a quien reconoció, además, los territorios que poseía y ambicionaba en el centro de Italia. Esteban II le presentó un documento falsificado (la llamada Donación de Constantino) en el que supuestamente dicho emperador le donaba al papa todos esos territorios. Puesto que eran zonas que Pipino no poseía e iba a tener muy difícil controlar, se dejó engañar. Para sus intereses políticos era preferible la consolidación del papado como un estado independiente y afín en la Italia central que tratar de conquistarla y mantenerla lo que, a la larga, le obligaría a una guerra directa contra el emperador bizantino.
Lo que sí hizo Pipino el Breve fue atacar a los longobardos invadiendo el norte de Italia a lo largo de varias campañas entre 755 y 758.
En el transcurso de las mismas murió el rey Astolfo (756) y el papa trató de volver a jugar la baza del prorromano Rachis, que salió de Montecassino, abandonó su condición de monje, viajó al norte y trató de hacerse de nuevo con el trono. No lo consiguió, el partido nacionalista seguía fuerte en Pavía, y más motivado que nunca a causa de la guerra y acabó imponiendo en el trono a uno de los suyos: Desiderio. Rachis hubo de regresar a Montecasino y no vuelve a saberse nada de él ni de su familia.
Desiderio hizo frente a las incursiones de Pipino el Breve y capeó el temporal quedando con las manos libres en Italia después de 758, lo que le condujo, inevitablemente, a seguir intentando el sometimiento de Roma.
En 757 el papa Esteban II había muerto y le sucedió su hermano Pablo I, cuyo pontificado iba a desembocar en el golpe de Toto de Nepi que nos ocupa.
II.- EL GOLPE DE TOTO DE NEPI
Al contrario que Esteban II, que procuró mantener el equilibrio entre los señores territoriales laicos y los próceres eclesiásticos, su hermano Pablo I se inclinó abiertamente por estos últimos causando el descontento de los primeros, los más afectados por las constantes guerras con los longobardos y, por lo tanto, los que más se sacrificaban para que los señores eclesiásticos no solo mantuvieran su poder y sus riquezas sino que los aumentaran a costa de aquella segunda generación de aristócratas guerreros procedentes de los desertores del ejército bizantino en el norte y centro de Italia. El descontento era palpable y no dejaba de crecer dándose la interesante circunstancia de que no se manifestó en modo de rebelión o de deserción sino de golpe de Estado. Los aristócratas que defendían los castillos y comarcas de los ducados de Perugia y Toscana se sentían identificados con el nuevo estado (el Pontificio) que habían ayudado a surgir y pretendían perpetuarlo, mudando tan solo la facción que lo dirigía. Este es ya un importante dato que indica a las claras no solo la consolidación de los Estados Pontificios como nación viable sino la base social y política de la que disfrutaba para surgir y perdurar durante más de mil años. Recordemos que existieron como tales hasta nada menos que 1870.
El descontento en los ducados de Toscana y Perugia fue creciendo desde el ascenso al solio pontificio de Pablo I en 757 y agudizándose a lo largo de la década siguiente, pero estos aristócratas del norte no podían abandonar sus fortalezas para intervenir en Roma ante el peligro cierto de una operación longobarda que les privase de ellas, lo cual condujo a que delegasen el mando de su golpe en uno de los suyos que tenía su base de poder en la localidad de Nepi, situada dentro del ducado de Roma a unos cuarenta kilómetros al norte de la ciudad y cien al suroeste de Perugia. Un movimiento militar desde allí, podía ser rápido, decisivo y resolverse antes de que se enterasen los longobardos que, de todos modos, podrían ser frenados, sin intentaban invadir los Estados Pontificios, por todos los aristócratas que quedaban en el norte.
La población de Nepi, enriquecida en los tiempos del Exarcado (568-728) a causa de que la atravesaba la Via Amerina, la única que unía Roma con Rávena, y cuyo duque Leoncio había participado ya en la defensa de Roma contra los longobardos con un numeroso ejército en 592, estaba entonces bajo el poder de un nuevo duque: Toto.
El título ducal, en el caso de Leoncio o Toto, era más virtual que legal. En el ducado de Roma solo podía haber un duque, el nombrado por el exarca o, ya en el siglo VIII, por el papa (que detentaba en persona y de facto dichas funciones), de tal modo que Toto nunca portó legalmente dicho título. Ahora bien, puesto que el significado lato de la palabra era el de «jefe militar» cualquiera que tuviera un ejército, aunque fuera pequeño, a sus órdenes y quisiera mostrar sus aspiraciones, su soberbia y su ambición podía arrogárselo. Era como si en los tiempos que corren el jefe de una guerrilla o una banda criminal se hiciese llamara general.
Sea como fuere, Toto, detentaba el poder efectivo en Nepi contando con el apoyo de sus hermanos Constantino, Pascual y Pasivo, y se había situado al frente de la basta conspiración de señores laicos y militares de los ducados de Perugia y Toscana para restablecer sus intereses frente a las políticas del papa Pablo I en beneficio de los señores eclesiásticos del ducado de Roma. El golpe de Estado estaba en marcha.
Y no era ningún secreto.
En Roma cundía la preocupación porque una reacción militar de ese tipo podía llevarse por delante a todo el partido que venía dirigiendo los destinos del naciente estado desde hacía cuarenta años. Convenía restaurar la alianza entre señores eclesiásticos y laicos removiendo el principal factor de desequilibrio: el papa Pablo I.
De modo que el primicerius notariorum (en la práctica el jefe de la administración civil del papa, una especie de primer ministro) Cristóbal, decidió intervenir, naturalmente no a título personal sino como portavoz del partido eclesiástico instalado en el poder desde los tiempos de Gregorio II. Urgía buscar un pacto que evitase la guerra civil y garantizar la supervivencia y permanencia en el poder de los jerarcas eclesiásticos romanos.
Cristóbal, con muy poco recato, marchó a Nepi para negociar con Toto.
Los jerarcas romanos no se oponían al golpe, aceptaban que Toto impusiese a un nuevo papa, pero le pedían que no invadiese la ciudad con soldados habituados a combatir en el norte contra los longobardos, que evitase los saqueos y el derramamiento de sangre y que no asesinase al papa. Pablo I en ese momento, verano del 767, se encontraba ya muy enfermo y se preveía su muerte en breve. Cristóbal le prometió a Toto que el sínodo subsiguiente, elegiría como papa al candidato que él designase, que resultó ser su hermano Constantino, que ni siquiera era sacerdote.
III.- LOS ACONTECIMIENTOS SE DESENCADENAN.
Confiando en el pacto con Cristóbal, en cuanto la salud del papa Pascual I empeoró, Toto y sus hermanos entraron en Roma para aguardar pacientemente el deceso y el subsiguiente sínodo amañado. Lo hicieron de noche, por la puerta de San Pancracio y sin armar alboroto, se trataba en suma, de sorprender a los rivales cuando fuese preciso.
Cristóbal, sin embargo, maniobraba secretamente en contra de Toto para conseguir el papado para sí que ya ocupaba el número dos del organigrama papal y contaba con el apoyo del partido de los señores eclesiásticos.
Toto no era tonto y comprendía muy bien las maniobras de Cristóbal de modo que, pocos días antes de la muerte del papa Pascual I decidió tomar por sorpresa al partido rival ocupando de madrugada los puntos estratégicos de la ciudad con sus hombres. Al amanecer convocó a los notables romanos (incluyendo a Cristóbal que en lugar de acudir a la reunión decidió esconderse) y proclamó a su hermano Constantino sucesor del papa agonizante. Para salvar el pequeño inconveniente de que ni siquiera estaba ordenado como sacerdote hizo que un obispo , Jorge de Palestrina, lo ordenara sucesivamente sacerdote, subdiácono y diácono en el oratorio de San Lorenzo.
Muerto Pascual I, el 5 de julio del 767, el propio Jorge de Palestrina, junto con otros dos obispos de la facción de los señores eclesiásticos, Eustacio de Albano y Citonato de Porto, consagraron papa a Constantino (II) a quien hoy en día se considera antipapa.
Mientras tanto, Cristóbal y su hijo Sergio lograron huir de Roma refugiándose en Spoleto, capital del poderoso ducado de ese nombre que estaba en manos de los longobardos desde hacía un siglo y, a menudo, funcionaba como estado independiente y siempre autónomo en relación a los reyes de Pavía. En ese momento el duque de Spoleto era Teodicio, que les acogió y les acompañó personalmente a Pavía para recabar el apoyo del rey longobardo Desiderio contra los golpistas de Nepi.
Constantino II, sostenido por las tropas de su hermano Toto, se puso en contacto con Pipino el Breve solicitando reconocimiento y presentándose como sucesor del partido que había venido gobernando Roma desde hacía cuarenta años. Pero los golpistas no tuvieron tiempo de beneficiarse de su respuesta.
De inmediato, Desiderio ordenó al sacerdote longobardo Valdiperto que avanzase hacia el sur con un contingente de tropas en el que se contaba Sergio, el hijo de Cristóbal, con su propio séquito y, contra todo pronóstico, pudieron avanzar por Toscana y Perugia sin oposición. Aquellos que habían incitado el golpe de Toto el año anterior se ponían ahora de perfil ante la intervención de los poderosos longobardos.
Puerta de San Pancracio, Roma.
Valdiperto y Sergio entraron en Roma por la misma puerta de San Pancracio el 28 de julio de 768, apenas un año después del golpe de Toto y mientras Pipino el breve agonizaba en París (concretamente en el monasterio de Saint-Denis) estallando una revuelta en el interior de Roma durante la cual Gracioso, cuñado de Sergio, asesinó por la espalada a Toto tras fingir ponerse de su lado.
Tras la muerte de Toto y mientras los combates continuaban en las calles de Roma, Constantino II y sus hermanos supervivientes se hicieron fuertes en el palacio de Letrán mientras Valdiperto, siguiendo órdenes de Desiderio, que deseaba un papa adicto a los longobardos, y a espaldas de Cristóbal y Sergio, sacó del monasterio de San Vito al monje Felipe y lo instauró como papa. No obstante, el partido de los señores eclesiásticos estaba bien organizado y devolvió por su parte el puesto de primicerio a Cristóbal quien, de nuevo al frente del aparato estatal, obligó a Felipe a regresar a su convento al día siguiente dejando a Valdiperto y sus tropas longobardas en una situación difícil: aislados en medio de un territorio hostil, de modo que no les quedó más opción que hacerse fuertes en el Panteón, donde fueron asediados, capturados, torturados, mutilados y asesinados. Del mismo modo, los obispos y cargos que había nombrado Constantino II eran apresados, mutilados y asesinados por los partidarios de Cristóbal.
El propio Constantino, asediado en Letrán, fue capturado tras la muerte de sus hermanos Pasivo y Pascual, arrastrado por las calles de Roma y encerrado, a la espera de juicio, en el monasterio de Cellanova.
Había llegado el momento de elegir un nuevo papa. Cristóbal pensaba que la elección recaería en él, pero se encontró con la sorpresa de que dentro de su propio partido tenía enemigos que se opusieron a su nombramiento. Finalmente hubo que llegar a un acuerdo eligiéndose como fórmula de compromiso entre facciones a otro importante miembro del gobierno papal: Esteban III.
Esteban III juzgó a Constantino II en 769, en Letrán. Todo el mundo esperaba que el depuesto pontífice se presentara al sínodo humilde con la esperanza de salvar la vida a cambio de ser cegado y encerrado en un monasterio, pero Constantino se mostró altivo, defendiendo sus derechos y la legalidad de su nombramiento, de modo que acabó ejecutado.
Mientras tanto, Desiderio casaba a una de sus hijas con Carlomagno, hijo y sucesor de Pipino el Breve, lo que dejaba al papado, sobre todo teniendo en cuenta que en el concilio de Letrán, además de condenarse a Constantino II se había condenado también la iconoclasia que perduraba en el imperio de Oriente con apoyo imperial, imposibilitado de encontrar aliados frente al dominio longobardo.
Pero eso es ya otra historia.
IV.- UN ÚLTIMO DATO DE INTERÉS
A día de hoy, en Nepi, existe la Via Totone, un minúsculo callejón entre la Vía Garibaldi, tampoco demasiado ancha, y la recóndita Piazza Padella, si es que no recuerdo mal…que bien pudiera ser, porque hace mucho que no me dejo caer por Italia.
En esta época de decadencia ética y cultural anda todo el mundo buscando la felicidad sin encontrarla. Las cosas están mal (y parece que irán a peor) y todos somos desgraciados, lo que constituye un excelente negocio para todo tipo de charlatanes, vendedores de humo (y de libros de autoayuda), coaches diversos, propagandistas de sectas y demás turbamulta de cantamañanas al acecho del euro o el dólar.
Yo, gratuitamente, y sin grandes pretensiones, también quiero echar mi cuarto a espadas en ese goulash denso y algo apestoso de la búsqueda de la felicidad.
La cosa es sencilla: si buscas la felicidad jamás la encontrarás. ¿Por qué? Porque esa búsqueda denota egoísmo, autocompasión, pasividad y debilidad, cuatro ingredientes que siempre alejan de dicha meta.
¿Quieres ser feliz? Deja de pensar en singular y empieza a pensar en plural, incluyendo en ese plural incluso a quienes no conoces.
Abandona la autocompasión, la pasividad y la debilidad. Adopta la generosidad, la alegría y la fortaleza. Deja de pensar en lo que te debe la vida y empieza a dar.
Al principio resulta complicado. ¿Como ser fuerte si eres débil? ¿Cómo dar si te falta tanto?…
Piensa que eres como el agricultor que tiene el granero vacío (y teme al hambre y la miseria), pero el campo lleno de espigas granadas. La riqueza está ahí para que la aproveches, simplemente tienes que trabajar para conseguirla. Deja de llorar y de temer mirando el granero vacío y ve al campo a segar. Si no hay espigas, siembra, no te será difícil porque llevas el grano en tu interior. Si quieres ser feliz, haz felices a los demás. Así de sencillo. Las cualidades que desees, pero no tengas, cultívalas. Al principio serás un farsante; al cabo, se convertirán en tu naturaleza.
Ese es el camino. Sé fuerte, sé útil, sé la solución y no el problema. Y, sí, ya sé que tienes mil excusas para no tomar este camino. Peor para ti.