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TRUMP Y LA DESTRUCCIÓN DE EUROPA

Algo que siempre me sorprende es lo mal informados que están mis amigos bien informados y cuanto dependen sus conocimientos (incluso especializados) de los argumentarios académicos ( y, no nos engañemos, por ello mismo propagandísticos) de los Estados Unidos o, en general, el espectro anglosajón. Por otra parte, cuando lees a los especialistas anglosajones en geopolítica, geoestrategia o futuro en general, únicamente te encuentras con pomposos analistas autorreferenciales, que solo han leído en inglés y a los amigos o enemigos que tienen cerca y desconocen todo del rival o de escenarios complejos no procesados previamente por sus analistas.

En fin, esto viene a cuento porque no hace mucho se expusieron algunas ideas generales sobre la estrategia de Trump en Europa y muchos de estos amigos bien informados se sorprendieron y se escandalizaron de que el azafranado carcamal pretendiera separar a Polonia y Hungría de la Unión Europea conformando con ambos países el núcleo de una nueva realidad geopolítica y estratégica.

Esto ni es nuevo, ni es idea de los Estados Unidos.

Polonia viene defendiendo desde sus revoluciones nacionalistas de los siglos XIX y XX, la estrategia denominada en polaco Miedzymorze y en latín intermarium que viene a reivindicar el papel rector de la unión polaco-lituana desde la Unión de Lublin en 1569 hasta el primer reparto de Polonia en 1772. Se trata, en la práctica de un proyecto nacionalista, supremacista e imperialista de Polonia que busca establecer su poder entre el Báltico y el mar Negro y entre este y el Adriático, que la convierta en la potencia dominante en detrimento de Alemania y de Rusia.

Siguiendo el esquema inicial de la República de las Dos Naciones (Polonia y Lituania) establecida con la Unión de Lublin, el proyecto se presenta como un a modo de federación bajo el predominio polaco que en su máxima expresión incluiría a Polonia, Hungría, la parte occidental de Ucrania, Rumanía y los antiguos países de Yugoslavia así como las repúblicas bálticas y, si se deja, incluso Finlandia. De este modo Polonia recuperaría su hegemonía regional (y hasta continental) y no muy lejos de ese proyecto anda la implementación acelerada de su rearme, y, con la alianza de los Estados Unidos, debilitar a la Unión Europea y a Rusia, lo que dejaría a los norteamericanos sin contrapesos reseñables en Europa.

No debemos pensar que este plan es una innovación moderna salida de la nada. Lo exportaron a los Estados Unidos los exiliados políticos polacos que llegaron allí en el último cuarto del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. De hecho, conviene que vayamos dándonos cuenta, para comprender al imperio bárbaro de los yanquis, que la mayor parte de sus doctrinas y afinidades proceden del pasado y están arraigados en una historia que se oculta, pero no varía. Del mismo modo que para entender su afinidad con Marruecos (y cómo perjudica eso a España y hace que los Estados Unidos nunca puedan ser considerados por Madrid como verdaderos aliados) hay que comprender que este fue el primer país que reconoció la independencia de los Estados Unidos (1777), debemos entender que la doctrina del Miedzymorze llegó allí con el general Pulaski en 1777. Era este un noble polaco descendiente de los reyes de ese país que, tras fracasar en una sublevación contra Rusia tras el Primer Reparto de Polonia, se exilió en los Estados Unidos uniéndose a su ejército, fundando su caballería y dotándola de las eficaces tácticas de los ulanos polacos (y de ahí que fuera siempre una caballería ligera tal y como la vemos en los western), salvándole la vida en una ocasión a Washington y muriendo en combate en 1779.

En los Estados Unidos no hay nunca nada nuevo bajo el sol. Son un país escasamente dinámico, ideológica y socialmente inmovilista y poco preparado para los desafíos del futuro. Por ello el lodo estratégico en el que se revuelca tampoco tiene nada de novedoso. Será bueno tenerlo en cuenta.

También que Europa se debate entre las aspiraciones imperialistas de Alemania, Francia, Polonia, Hungría, Inglaterra y, claro está, Rusia y los Estados Unidos. Sin olvidar a China y el mundo musulmán. Si queremos tener una ligera idea de lo que nos aguarda, hay que estar atentos a todo eso.

© Fernando Busto de la Vega.

GRINGO, UNA PRECISIÓN HISTÓRICA Y LINGÜÍSTICA

CARLOS III DE ESPAÑA. EN SU ÉPOCA YA HABÍA «GRINGOS»

Los mexicanos, que tienden al nacionalismo excesivo y a creerse exentos del común de la Hispanidad, renegando a menudo de su innegable herencia española, suelen decir que el origen de la palabra «gringo» se encuentra en la invasión sufrida por parte de Estados Unidos en 1846-1848 en la que, por cierto, perdieron la mitad del territorio que les legamos los españoles (buenos herederos han resultado). Aseveran que las unidades de caballería gringa que marchaban en vanguardia iban vestidas de verde y que atacaban al grito de «go greens!» de donde les vino el apelativo a los yanquis al sur de la nueva frontera de Río Grande.

Está bien traído, pero es mentira.

Por razones que no hacen al caso ando estos días repasando mucha correspondencia y fuentes primarias españolas del siglo XVIII y he encontrado una carta en la que José Nicolás de Azara hablando de los ministros extranjeros de Carlos III (Wall, Esquilache, Grimaldi…) se refiere a ellos como gringos a mediados de la década de 1760, unos ochenta años antes de la invasión yanqui a México, luego el origen de la palabra es claramente anterior.

Qué se le va a hacer…

UN GRINGO CUALQUIERA

© Fernando Busto de la Vega.

TRUMP, LA ESTUPIDEZ DEL ESPECULADOR

Que Trump es un cantamañanas parece fuera de toda discusión. Que tiene la inteligencia justa para pasar el día y la moral propia de un narcisista ególatra y sin formación, también. Sin embargo, hay que decirlo: Donald Trump es la quintaesencia destilada del protestantismo germánico: paleto, supremacista, racista, avaro, ignorante, inclinado a la violencia y el robo en todas sus formas…en otras palabras: es la máxima y más prístina encarnación de lo que representan los Estados Unidos. Y, como tal, acabará siendo la causa no ya de su ocaso, sino de su destrucción.

La racanería e ignorancia del tipo y de sus seguidores raya a tal nivel de indigencia mental que no acaban de comprender el mundo en el que viven, el sistema de defensa y alianzas que les permiten todavía, y a pesar de todas sus deficiencias y la carga que su ideología e intereses representan para el mundo en su conjunto, continuar siendo una potencia mundial. En decadencia cada vez más acentuada, pero potencia (nuclear) al cabo.

Anda el chisgarabís zanahorio por esos parajes parlanchines de la campaña electoral afirmando que sus aliados (Taiwán, los países de la OTAN) deberán pagar su defensa si quieren que Estados Unidos siga amparándolos. Parece no comprender el zangolotino que tanto la Europa Occidental como Taiwán son colchones que garantizan la supervivencia y el poder de los Estados Unidos. Si cae Taiwán, nada parará a los chinos hasta California. Si caen Berlín o Londres nada parará a los rusos hasta Nueva York.

Si los aliados de Estados Unidos se ven compelidos a situaciones enojosas por causa de este país, de la potencia imperialista que deben contentar, muy bien pueden acabar cambiando de rumbo y aliándose con sus enemigos: ¿Qué quedaría de la «América Grande» de Trump si Taiwán se integrase en la China comunista y los europeos occidentales llegasen a acuerdos con Moscú?…Trump y sus seguidores, incapaces de ver más allá de sus propias narices, fían sus exabruptos y sus exigencias a la existencia de élites políticas, económicas y sociales de carácter colonial que garantizan el statu quo existente. Pero el hartazgo bien puede acabar derribándolas. La legitimidad social de la UE, la OTAN y demás instituciones del entramado imperialista estadounidense nunca fue grande, ahora cada vez mengua más. El siglo XXI tanto en Europa como en los Estados Unidos será un siglo de revoluciones para evitar la decadencia evidente y la destrucción que nos amenaza. Pero Trump, un imbécil en toda la extensión de la palabra, es incapaz de comprenderlo. Ha sido toda su vida un explotador y un especulador, un estraperlista respaldado por la legalidad dudosamente ética liberal-capitalista, y sigue pensando en esos términos. Y la avaricia acaba rompiendo el saco, ya lo sabemos (nosotros que tenemos dos dedos de frente, lo sabemos).

Por cierto: ¿llegó a conseguir que México pagara el muro aquel famoso?…

¡Que estemos en manos de viejos chochos sin inteligencia, cultura, sensatez ni dignidad! Cada día es más preciso restablecer el orden y la civilización.

© Fernando Busto de la Vega.

EL GOBIERNO ESPAÑOL Y LOS PIRATAS HUTÍES

Cualquier potencia que se precie (desgraciadamente España dista mucho de serlo y resulta evidente que sus propios gobernantes no la respetan) tiene que mostrarse enérgicamente activa contra cualquier clase de piratería, especialmente aquella que dificulta las principales rutas de navegación y comercio internacional y afecta a su economía y la de sus aliados.

El no ser enérgico y activo contra la piratería hace que la nación pierda credibilidad y poder.

Las expuestas son dos verdades geoestratégicas indiscutibles que solo los muy estúpidos o los traidores pueden negar u objetar de algún modo. Cuando el estrecho de Bab-el-Mandeb es obstruido por la piratería hutí (una secta chií fanática y a sueldo de Teherán, lo que equivale decir al servicio de Moscú), el gobierno español está obligado a intervenir. Si fuera preciso, en solitario. Siendo que conformamos parte de unas alianzas determinadas, en el marco de esas alianzas.

Lo que no puede suceder, y resulta altamente lesivo para los intereses internacionales de España, es que en un marco de guerra global en el que lo que sucede en el mar de China o en el mar Rojo es tan solo una prolongación de la guerra de Ucrania, en la que dentro de la OTAN apoyamos a este país contra el eje Moscú-Pequín-Teherán, nuestros ministros y partidos de la mayoría parlamentaria anden apoyando al bando enemigo en todos los escenarios secundarios. O se está en misa o repicando. Lo que sucede en el Gobierno español es, simplemente, inaceptable, vergonzoso y lesivo para España y sus responsables, empezando por el presidente, que en su momento debería haber optado por una gran coalición de Estado y sensatez, como ya explicamos en su momento, deberían ser juzgados y evaluados como incompetentes ya que no como traidores a la mayor brevedad. No sucederá, nuestro régimen es así de decadente, corrupto e incompetente.

Por lo demás, independientemente del partido o coalición que gobierne España, hemos asumido la persistente, humillante y desastrosa política de pagar rescates en lugar de liberar a nuestros rehenes y jamás tomar represalias contra los terroristas o enemigos que nos atacan lo cual nos convierte en corderitos, en una nación débil a la que ni aliados ni enemigos respetan.

Una muestra más de nuestra decadencia.

Clamaría por el cambio, pero conozco demasiado bien el deleznable material humano de la España actual como para tener esperanza. Vamos hacia un nuevo Guadalete y, desde ahí, si podemos, habrá que reiniciar la reconquista y la reconstrucción.

© Fernando Busto de la Vega.

FIDEL CASTRO Y LAS VACAS

Dice un viejo refrán popular español que lo que se hereda no se compra y, después de todo, Fidel Castro no dejaba de ser un gallego trasplantado a Cuba.

Su padre, como es sabido, perteneció al ejército español que combatió en 1895-1898 contra los traidores mambises sublevados y sus aliados estadounidenses. Tras ser repatriado con el resto de las tropas tras la derrota de 1898 (que los Estados Unidos no hubieran conseguido sin la hostilidad de Francia, Inglaterra y Holanda contra la flota española en el Caribe, a la que negaron puntos de carga de carbón), regresó a la isla en 1899 dejándose contratar por la United Fruit Company, la punta de la lanza del imperialismo yanqui en el Caribe que había desembarcado en Cuba en cuanto España hubo de retirarse. Como buen inmigrante gallego se las apañó para enriquecerse rápidamente y contraer un matrimonio ventajoso del que se derivaron cuatro hijos, entre ellos Fidel y Raúl.

Los azares políticos y geoestratégicos llevaron a los hermanos Castro por los derroteros conocidos del panamericanismo primero, el nacionalismo cubano después y el comunismo a la postre; pero, en la práctica, todo su devenir vital, más allá de la ideología y las modas del momento, puede explicarse y circunscribirse al legado genético español.

¿Quién si no un español de pura cepa es capaz de desembarcar en una isla con media docena de seguidores supervivientes en medio de una acción fracasada, conquistarla y quedársela de manera vitalicia y hasta dinástica?

Tiempos hubo en que Fidel Castro y el generalísimo Franco, también un dictador gallego vitalicio, se entendieron y colaboraron por encima de ideologías y conveniencias geoestratégicas como buenos paisanos, uno en casa, el otro en la emigración. Eso duró, al menos, hasta que la CIA (esa cortarrollos) intervino asaltando en un claro acto de piratería el buque mercante español Sierra de Aránzazu que viajaba entre Santander y La Habana haciendo caso omiso, como otros muchos mercantes españoles, al embargo impuesto a Cuba por los Estados Unidos. Hubo muertos y heridos españoles, Franco consiguió indemnizaciones yanquis para ellos y sus familias y Castro reflotar el buque semihundido y devolverlo a España, concretamente al puerto de Las Palmas de Gran Canaria. Compartieron también a Eduardo Barreiros, el empresario de la automoción, otro gallego exitoso.

En fin, que a pesar de su barba, su uniforme revolucionario y su demagogia marxista-leninista Fidel Castro era un emigrante (y conquistador, quizá el último conquistador español en América, aunque todo se andará) exitoso que, en gran medida, seguía mirando a Vigo desde La Habana, lo cual tuvo algunas consecuencias cómicas e inesperadas.

Sabido es que, al menos hasta mediados del siglo XX, la gran ambición de todo indiano del noroeste español, incluyo también a los asturianos, era hacerse con un nutrido hato vacuno y dispersarlo por amplias tierras recién adquiridas en su comarca y las colindantes. Fidel Castro jamás regresó a Galicia, era un hijo de la diáspora al que le iba mejor en la tierra de adopción de su padre que en su España original, pero siguió manteniendo gran parte de la mentalidad del emigrante gallego que fue su padre. Mi tío Humberto, que lo conoció allá por la crisis de los misiles y que siempre hablaba maravillas de él, asturiano trasplantado en la infancia a la Unión Soviética, mantenía en gran medida también esa mentalidad (y eso que era hijo de un minero, nieto de un marqués, nacido en Oviedo y crecido en Rusia) y eso ayudó mucho a que se llevaran bien, se entendían. Del mismo modo que Franco y Castro lo hacían. La cultura ancestral y los genes unen más que lo que separan la ideología y las apariencias.

A lo que íbamos: como buen gallego, Fidel Castro estaba obsesionado con la riqueza que representa el ganado vacuno e inasequible al desaliento y sin parar mientes en que el clima tropical de Cuba no es el las montañas gallegas vivió todo su largo mandato empeñado en desarrollar la industria ganadera y lechera en su isla. Fracasó. Pero no deja de resultar interesante, como punto de arranque de un análisis psicológico, político e histórico esa perduración de lo ancestral en el líder, en cualquier líder por muy revolucionario que sea.

La realidad, y por lo tanto la Historia, arraigan en lo insondable, en lo ancestral, en lo eterno, en lo genético…es bueno tenerlo en cuenta para comprender el presente y predecir el futuro. Para analizar debidamente el mundo.

© Fernando Busto de la Vega.