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DISCURSOS MISÓGINOS EN INTERNET

De las autoras de los conceptos de violencia machista (la que ejercen las mujeres no se tiene en cuenta, no se penaliza y no entra en las estadísticas para victimizar a un colectivo quebrando los principios de igualdad ante la ley y de presunción de inocencia y, de paso, ocultar el modo en que los colectivos feministas utilizan el poder del Estado parasitado para imponer una violencia institucional contra el hombre), de micromachismo (básicamente un medio coactivo de imponer su agenda de usos y costumbres sobre la sociedad) y de nueva masculinidad (en otras palabras: imponer mediante el lavado de cerebro y la presión estatal, es decir: con métodos dictatoriales de la peor calaña, la ideología de grupos residuales pero poderosos sobre la sociedad), de las mismas que se sacaron de la manga eso de la opresión del hetero-patriarcado, especialmente conformado por hombres blancos (ya sabemos que se las ve poco por África, países musulmanes o asiáticos, básicamente en ningún lugar donde tengan que enfrentarse con la realidad, la incomodidad o jugarse el pellejo de algún modo por sus ideas) llega ahora el de DISCURSO MISÓGINO EN INTERNET Y LAS REDES SOCIALES.

¿En qué consiste? Sencillo: es un paso más, y lógico, en la imposición de la férrea dictadura que esos grupos marginales (ni siquiera logran la aquiescencia de la mayor parte de las mujeres, ni lo pretenden: les basta con ordeñar al Estado y prosperar en sus instituciones como «activistas» y «vanguardia social» y, por lo tanto, como naciente oligarquía, nueva nobleza con poder y dinero de los que no dispondrían de tener en sus filas a la mayor parte de la sociedad) están llevando a cabo sobre las adocenadas sociedades occidentales y, especialmente, en España.

Se pone en pie la idea de «discurso misógino», bien entendido que en realidad se está hablando de disidencia frente a determinadas asociaciones e ideologías minoritarias, pero poderosas, se le equipara al delito de odio (que no es sino una forma de censura encubierta de los progres), se comienza a gastar dinero público (que siempre irá a asociaciones y grupúsculos afines) en «estudiar» el fenómeno para publicitarlo negativamente y luego llegará la legislación prohibicionista, la censura y la represión. El fin de la libertad de expresión.

FEMINISMO Y LUCHA LGTBI= DICTADURA SALVAJE.

LUCHEMOS POR LA LIBERTAD, LA DEMOCRACIA ESTÁ EN PELIGRO.

© Fernando Busto de la Vega.

LA FELACIÓN COMO SUBVERSIÓN MAINSTREAM

Hubo una época a mediados de los años setenta del siglo XX en el que se intentó, entre otras cosas, integrar la pornografía de manera natural en el cine que podemos definir usando un feo anglicismo como mainstream. El intento acabó cuando las feministas y la Iglesia Católica pusieron el grito en el cielo, especialmente contra la película L´ Essayeuse, en Francia y zanjaron el asunto, como es habitual en ambas sectas, con la imposición de la censura, en este caso a través de la imposición de la categoría X para determinadas películas. Corría el año 1976. En 1977 la Revolución Conservadora tomó impulso, también encabezada por las feministas, en los Estados Unidos y en los ochenta acabó imponiéndose en todo el mundo. Llegaron entonces décadas de puritanismo y censura en las que el mayor rupturismo artístico se concretaba en los desnudos, especialmente de figurantes, en el teatro (incluyendo funciones operísticas), aunque no tanto en el cine.

Los efectos de esa Revolución Conservadora, que en lo económico se identifica con el neoliberalismo más salvaje, no han desaparecido, pero hay ligeras evoluciones en el mainstream impulsadas, entre otras razones, por las plataformas televisivas de cobro que, para captar clientes, han vulnerado las normas impuestas en abierto llenando algunas de sus producciones de desnudos y sexo.

Entre esas evoluciones «rompedoras», una que se está convirtiendo en tendencia sin que nos demos cuenta cabal, y que resulta interesante estudiar en su ámbito artístico, pero, sobre todo, antropológico, es la de las felaciones reales en pantalla o escena.

Así, a bote pronto, y sin pretender elaborar una lista documentada y exhaustiva de mamadas reales en películas no consideradas como pornográficas, y contando con el escándalo en Cannes en 2003 de la felación de Chloé Sevingy en The Brown Bunny que casi le cuesta la carrera, me vienen a la cabeza: la de Victoria Carmen Sonne en Melon Rainbow (2015), la de Aomi Muyock, en Love (2015), Deborah Revy y Helene Zimmer en Q (2013), Sarah McKeow en The Band (2009), Isidora Simijonovich en Klip (2012), Margot Stilley en 9 Songs (2004), Anapola Mushkadiz en Batalla en el Cielo (2005), Caroline Ducey en Diet of Sex (2014) …y antes del escándalo de Chloe Sevigny, pero a finales del XX y principios del XXI: Baise Moi (2000), Elisabetta Cavalotti en Guardami (1999), La Donna Luppo (1999), The Pornographe (2001), Romance (1999)…

Me chivan que ahora, en el teatro, Estafanía de los Santos practica una leve en la obra Lectura Fácil, que no he visto. Son solo ejemplos de una tendencia interesante.

Una tendencia que se da también en la vida cotidiana. Hoy en día es mucho más sencillo, en determinados grupos de edad, obtener una felación que cualquier otra práctica sexual, incluyendo las manuelas de toda la vida.

¿No resulta esto un interesante punto de estudio en la evolución de las costumbres?

Obviamente, por cuestiones de espacio no es este el lugar adecuado para desarrollar sesudamente estudios sociológicos, culturales, antropológicos, ideológicos y artísticos, ni creo que yo vaya a ocuparme nunca en serio de un asunto como este, pero se me ocurre una premisa sobre la que cimentar el inicio de una posible investigación al respecto: la campaña exculpatoria de Clinton en relación con el Caso Lewinski asegurando que el sexo oral no era una práctica sexual en realidad, y, claro está, el propio impacto mediático de dicho caso. Y la consecuencia a tener en cuenta: el modo en que lo que sucede en los Estados Unidos permea el mundo. Ahí lo dejo por si alguien quiere llevar a cabo la investigación adecuada.

© Fernando Busto de la Vega.

VIOLACIÓN EN PALMA DE MALLORCA

Los hechos quitan la razón al discurso propagandístico feminista y lo comprobamos a menudo en esta sección titulada «Crímenes que te ocultan» donde venimos a poner de manifiesto con hechos la falsedad emanada del Ministerio de Igualdad y el feminismo rampante, subvencionado, histérico, totalitario y mentiroso sobre la naturaleza de las agresiones sexuales «machistas» y la unidireccionalidad constante de la misma colocando sobre la mesa, al alcance del lector, hechos. Hechos que contradicen esa verdad única propagandística que el feminismo usa para imponer un Código Penal y una serie de normas discriminatorias, perjudiciales para la sociedad y absolutamente injustas y alejadas de la realidad.

Actitud que nos alienta a exigir que el feminismo y todo su séquito de mentirosas, totalitarias, histéricas y despreciables tiranas hambrientas de poder y dinero público sean expulsadas del mundo político y del entramado estatal. Ojo: no por sus ideas, sino por sus actos inaceptables y criminales.

Y vamos al caso: en Palma de Mallorca ha vuelto a suceder. De nuevo una mujer ha participado en la violación de otra (cosa mucho más frecuente, como vemos, de lo que quieren hacernos creer).

Ocurrió el 16 de octubre de 2022, en una fiesta privada donde una menor de 16 años, completamente borracha, fue violada por un chico de 17 mientras una AMIGA de ambos, se refocilaba con la escena, la grababa con el móvil y la retransmitía en directo por Instagram …

Una vez más el dogma que tratan de imponer desde el totalitarismo feminista y desde el execrable Ministerio de Igualdad, queda en entredicho y los apuntes que vamos haciendo en esta sección de «Crímenes que te ocultan» van dejando bastante claro que se trata de la norma, NO de la excepción. Actuemos.

© Fernando Busto de la Vega.

O PUTA O MONJA, ANITA…

Ilustro la entrada con una fotografía de Ana de Armas completamente vestida y sin rastro de su cuerpo para que no se asquee la chiquilla. Por otro lado, debo afirmar que la considero una actriz inmensa y magnífica. La admiró, no lo negaré. Pero no por ello puedo aplaudir todo lo que diga o haga.

Anda estos días Ana de Armas quejándose de que sus desnudos en Blonde se viralizarán descontextualizándose para convertirse en objetos de consumo masturbatorio y sostiene que esto la asquea y la convierte en víctima de violencia de género… o sea…vale…

Si repasamos la carrera cinematográfica de Ana de Armas comprobaremos que ha hecho un generoso uso de su indudable belleza física para ascender en su trabajo. Y no me parece mal. Si yo pudiera ir por ahí desnudándome para promocionar mis novelas lo haría sin dudar y sin preocuparme del uso secundario y descontextualizado que otros y otras pudieran hacer de dichas imágenes (pero, creedme: es mejor que no me quite la camiseta, y mucho menos, los calzoncillos).

A mí me parece bien que haya actrices (y actores) que se desnuden en el cine, incluso sin venir a cuento. Me parece bien, también, que no lo hagan. Cada cual es libre de gestionar su propio físico y el tono general de su propia carrera.

Lo que no resulta de recibo es pretender estar en misa y repicando. Aceptar desnudarse, cobrar por ello, y por los derechos de imagen devengados (quizá es ahí donde le duele a Ana de Armas, que no va a cobrar por las visualizaciones «viralizadas» de sus desnudos) y luego hacerse la casta y la víctima. Si estás buena y enseñas carne sabes desde cinco horas antes de quitarte las bragas lo que va a suceder y lo aceptas, porque cobras por ello y porque te da la real gana. No vale hacerse la ñoña y la víctima después y, mucho menos, intentar hacer demagogia y propaganda afín al Me Too…que por cierto: a ninguna de las que luego se quejaron en aquel movimiento les obligaron a aceptar los tratos ni dejaron de cobrar por sus actos. Si no querían chupar esta o aquella polla o enseñar el culo eran muy libres de renunciar a ser estrellas de Hollywood y resignarse a una carrera de actriz desconocida en el teatro. Pero querían ser estrellas y tragaron con todo (nunca mejor dicho)…para luego quejarse y hacerse las víctimas. Pobrecitas…

No, nenas, o puta o monja…ambas cosas son incompatibles. La dignidad no es una cuestión de hipocresía y llanto, sino de coherencia y respeto hacia uno mismo y los demás.

Por cierto: estoy recordando cierto consejo que daba sobre las actrices Pierre Louys en su Manual de Educación Para Señoritas…pero voy a dejarlo ahí.

© Fernando Busto de la Vega.

POR QUÉ DEBE DIMITIR SANNA MARIN

¿Sanna, Sanna, culito de rana?…Es broma.

No seré yo quien tire la primera piedra contra los juerguistas ni contra las mujeres jóvenes y follables a las que les gusta divertirse, beber y salir de noche.

No cometeré tampoco la estupidez de no darme por enterado de que hay señores importantísimos, de grandes responsabilidades políticas, que, privadamente, organizan fiestas mucho menos dignas e inocentes que esa en la que pillaron a la primera ministra finlandesa.

No son razones de índole puritano o hipócrita las que me llevan a afirmar que debe dimitir. Personalmente, aunque participase en dos multitudinarias orgías semanales con sexo y drogas, no la juzgaría duramente por ello.

El problema es otro y de índole mucho más profunda: táctica y filosófica.

Ha demostrado Sanna Marin que no comprende la gravedad del momento histórico que le ha tocado vivir y la vulnerabilidad de un cargo político, ejecutivo y electivo como el suyo. Este es el aspecto táctico del asunto. No está a la altura de las circunstancias y eso puede resultar perjudicial para Finlandia y para todos sus aliados, que ahora somos, entre otros, toda la Unión Europea y toda la OTAN. Nos ha fallado a todos y nos ha demostrado a todos su irresponsabilidad. Debe, sin duda, dimitir.

El aspecto filosófico es todavía más hiriente y preocupante. Como buena socialdemócrata del momento, imbuida de la ideología feminista y de género imperante en el progresismo en estos días, disocia libertad y responsabilidad. Piensa, como prescribe esa ideología dominante (y enseña en los institutos, las universidades y desde las instituciones: solo hay que ver el monterismo que impera en España) que por el mero hecho de ser una mujer joven puede hacer lo que le de la gana sin responsabilizarse de las consecuencias de sus actos. Si existen consecuencias negativas nunca será culpa suya sino de los otros, del heteropatriarcado, de los «fachas», de la mala suerte…de cualquiera, menos de ella. Y esta es una filosofía nefasta y peligrosa. No pueden dejarse los asuntos importantes en manos de incompetentes irresponsables que no aceptan el sacrificio propio de su posición y del trabajo que deben hacer en favor de su patria y defienden a ultranza su condición de entes sin responsabilidad moral, ética, social o política instalándose en un hedonismo peterpanesco propio de una adolescencia inacabada.

Si quieres ser libre, debes aceptar la responsabilidad de tus actos, ser responsable. Si quieres acceder a cargos importantes debes estar dispuesto a aceptar los sacrificios que conllevan. Lo contrario es una clara prueba de estupidez e inmadurez.

Por eso debe dimitir Sanna Marin, por eso mismo debemos eliminar del panorama político, laboral y empresarial a todas las Sanna Marin que padecemos.

© Fernando Busto de la Vega.