Archivo por meses: octubre 2022

1945…TODAVÍA (LAS LÓGICAS CONSECUENCIAS Y EL NECESARIO FUTURO)

Alejandro Magno, fundador de la civilización como ecúmene helenística.

Vivimos todavía en la era de 1945 que no terminó ni de lejos después de la caída de la Unión Soviética. De ahí la confrontación entre bloques que presenciamos y que tan a pique está de conducirnos a la extinción.

Naturalmente, las circunstancias nos obligan a elegir bando y no hacerlo podría conducirnos a acabar aniquilados o sojuzgados por el contrario. Pero también hay que ser muy conscientes del escenario en el que nos movemos y de lo que deseamos para el futuro.

En 1945 se impusieron dos mundos contrapuestos, dos bandos incompatibles que, además, y esto es lo importante, lo fundamental, son en todo contrarios a la civilización, al Recto Orden que debemos restablecer si pretendemos sobrevivir como especie, como sociedad y como individuos.

Por un lado, nos encontramos con el universo marxista-conservador y contrario a la primacía europea (que es consustancial al surgimiento, expansión y mantenimiento de la civilización surgida como unidad, como Ecúmene, con el avance de Alejandro Magno hacia Asia después de haber comprendido su destino en Siwa) que se las daba de revolucionario, pero que, en la práctica, servía de vehículo imperialista a regímenes totalitarios cuyos guías no se habían librado en absoluto de los prejuicios medievales que arrastraban las atrasadas sociedades campesinas de las que provenían y que, pasado el marxismo, allí donde cayó, en otros lugares se mantiene con idénticas premisas, solo fueron capaces, como la Rusia de Putin, de seguir manteniendo sus esquemas mentales atrasados y medievales, cristianos en suma.

Por otro lado, en occidente se impuso el mundo de los masones y los sionistas, los mismos que se sublevaron en tiempos de los Macabeos contra la civilización que representaban los Seleúcidas como herederos de la gesta de Alejandro y que todavía hoy hacen todo lo posible por socavar y enterrar la civilización para imponer su barbarie.

Zeus-Amón, que reveló su destino a Alejandro en el oasis de Siwa.

De eso debemos ser muy conscientes: hay dos bandos, ambos igualmente representantes de la barbarie y enemigos de la civilización, que amenazan con destruir el mundo. La supervivencia se encuentra en el retorno a la ecúmene, a la civilización helenística, al camino correcto, al Recto Orden. Ese es el horizonte que debemos exigir más allá de este conato (quién sabe si al cabo realidad) de tercera guerra mundial.

© Fernando Busto de la Vega.

LA VIRTUOSA FUNCIONALIDAD DEL MICROPENE

Tengo amigos que, vaya a saber usted por qué, se muestran exultantes al enterarse de que, como el propio actor porno ha confesado, el miembro viril de Nacho Vidal anda de capa caída, blandito y medio humillado. Será que el ocaso de los dioses siempre satisface a los humanos.

Uno puede soportar con más o menos calma y sumisión a un tirano, a un dictador corrupto y cruel (que suelen ser tipos pequeñajos y feos sin ningún atractivo), pero a esos actorcillos o cantantes guaperas que humedecen las entrepiernas de nuestras novias, y no digamos ya a esos actores porno con miembros elefantiásicos y desproporcionados que las inducen a esperanzas ilusorias; a esos, no. Esos, por arte del birlibirloque promocional los tenemos hasta en la sopa y sabemos a ciencia cierta que, aunque lo nieguen, nuestras contrapartes menstruantes fantasean y se tocan con ellos mientras a nosotros, bueno: nos soportan y nos compadecen…hasta que consiguen algo mejor, si lo consiguen, que a menudo ellas tampoco son la Venus de Milo…ni de ninguna otra parte.

Hay que decirlo: la fantasía del pene sobredimensionado vende. Triunfa.

Hace años yo tenía un amigo negro que disfrutaba de un enorme éxito con las mujeres, especialmente blancas, por las expectativas que estas albergaban sobre su órgano de apareamiento. Desgraciadamente para ellas y para él, el pobre joven no las cumplía. Al parecer, porque obviamente no hice comprobación alguna al respecto, el miembro viril de este amigo africano estaba por debajo de la media, incluso de países poco calificados en ese campo, y las chicas le desdeñaban de inmediato, muchas apenas le echaban mano al instrumento y comprobaban que no daba la talla.

—Y para colmo—confesaba mi compungido amigo—, ni bailo bien ni sé jugar al baloncesto.

Murió joven. De hastío y pena, quizá.

En ese orden de cosas, recuerdo también cierto individuo que, allá por el cambio de siglo, recorría la geografía hispana con un espectáculo consistente en mostrar su enorme falo que alcanzaba el medio metro de extensión. Según me dijeron algunas amigas constituidas en espectadoras de tan sórdido show, porque evidentemente yo tampoco acudí a presenciarlo, la cosa resultaba a la vez impactante y grimosa. Una minga de aquel tamaño daba cosilla…mala cosilla. Además, decían, tardaba una eternidad en ir alcanzando su tamaño inmenso y, en ocasiones, la acumulación de tanta sangre en aquel punto provocaba el desmayo del protagonista. Y por supuesto, ninguna de ellas hubiera estado dispuesta a dejarse penetrar por aquella monstruosidad, temían ser partidas en dos o ver afectados sus órganos internos. Un drama, vaya.

Carezco de noticias fidedignas, pero me da la sensación de que la carrera de aquel hombre-polla fue corta. A mí me sirvió para escribir un cuento en el cual un artista de semejantes características se veía acosado por la envidia de un jefe mafioso que enviaba a sus hombres para secuestrarlo, amputarle el miembro y hacerse un injerto, un trasplante. El cuento tuvo cierto éxito y alguna difusión, pero era muy malo y acabé por retirarlo de la circulación.

Sea como fuere, y, para terminar, el colofón a todo este asunto, que el inicio de las fiestas del Pilar con su reguero inextinguible de cervezas y cubatas en las largas noches zaragozanas ha propiciado e impulsado, me quedaré con el comentario de mi amigo Juanjo Zhao, chino-aragonés orgullosísimo de su micropene:

—Quien mucho abarca… las pichas pequeñas requieren menos esfuerzo y mucho menos mantenimiento para alcanzar su funcionalidad y duran más en activo y perfecto uso..

Juanjo Zhao, dixit. Yo me reservaré mi opinión… y vosotras, chicas, las que estáis en el secreto, no seáis malas, que nos conocemos y tenéis muy pérfida condición láctea.

© Fernando Busto de la Vega.

CANCELACIÓN, TOTALITARISMO Y LIBERTAD

Comienzo la mañana leyendo la prensa y encuentro en un rincón de cierto periódico la ya habitual noticia de que un grupo de wokes exige boicotear el libro de no sé qué autor por considerarlo racista. Lo típico.

Ni siquiera voy a perder el tiempo refiriéndome a la libertad de expresión y al derecho de cualquiera a enunciar y difundir sus opiniones aunque sean contrarias al consenso mayoritario. Tampoco voy a explayarme en argumentar que el debate es la base de la creación de consensos sociales, siempre en evolución, y que, precisamente, la función de un intelectual, de un artista, es vulnerar los dogmas establecidos para impedir el inmovilismo y el totalitarismo que siempre son causa y consecuencia (en un bucle que se retroalimenta) de la llegada al poder y su afán por mantenerse en él y acapararlo cada vez en mayor medida de grupos determinados.

Un consenso social es siempre una herramienta de poder de una oligarquía determinada. Y toda oligarquía es nociva y debe ser removida de su posición, al menos parcialmente, lo antes posible; de lo contrario evoluciona indefectiblemente hacia la corrupción y la tiranía totalitaria. Es este un hecho demostrado por la Historia.

Los wokes, ya lo sabemos, son un rodillo totalitario y corrupto que pugna por encastrarse en el poder con visos de tiranía estalinista. Es por ello que deben ser combatidos sin tregua, aunque se compartan sus puntos de vista ideológicos (que, en cuanto ideología, son sesgados, parciales y discutibles; a pesar de lo que a ellos mismos les gusta pensar ni están en posesión de la verdad absoluta ni su supuesta superioridad moral es tal).

Pero, al grano: a mí, lo que de verdad me ha enfurecido esta mañana, mientras leía la prensa, es la desfachatez totalitaria de esa gente que trata de decirme (a mí y a ti, a todos) qué debo leer y qué no.

De modo que el libro en cuestión, según ellos, es racista y por eso no debo leerlo… Seamos serios. Seré yo, individuo libre y con criterio propio, quien decida si lo leo o no y, una vez leído, seré yo quien juzgue si es racista o no… e incluso si me convence o no ¿y si resulta que sus argumentos racistas u homófobos, o del tipo que sean, son contundentes y me hacen cambiar de idea, evolucionar?…

El camino para asentar como mayoritarias las propias ideas, es argumentar mejor, no inventar de nuevo la Inquisición. Auctoritas frente a Potestas, amigos…es la Auctoritas la que define la razón; la Potestas, y no digamos ya el Imperium, si no se basan en la Auctoritas, son solo represión y tiranía…ignorar esto es inscribirse en el grupo de los bárbaros, situarse fuera de los márgenes de la civilización. Pero los wokes, aparte de proceder de una mezcla de mundos que han perdido el contacto con la verdadera y única civilización, del protestantismo y el maoísmo, tienen problemas en la argumentación porque han reducido su ideología al extremo del ridículo y resulta estúpida e indefendible, por eso recurren a la censura y la cancelación. Son un germen para la tiranía de los memos, unos puritanos de tres al cuarto sin base intelectual y cultural, solo ideológica. Gentucilla sin interés, pero peligrosa para la libertad.

© Fernando Busto de la Vega.

O PUTA O MONJA, ANITA…

Ilustro la entrada con una fotografía de Ana de Armas completamente vestida y sin rastro de su cuerpo para que no se asquee la chiquilla. Por otro lado, debo afirmar que la considero una actriz inmensa y magnífica. La admiró, no lo negaré. Pero no por ello puedo aplaudir todo lo que diga o haga.

Anda estos días Ana de Armas quejándose de que sus desnudos en Blonde se viralizarán descontextualizándose para convertirse en objetos de consumo masturbatorio y sostiene que esto la asquea y la convierte en víctima de violencia de género… o sea…vale…

Si repasamos la carrera cinematográfica de Ana de Armas comprobaremos que ha hecho un generoso uso de su indudable belleza física para ascender en su trabajo. Y no me parece mal. Si yo pudiera ir por ahí desnudándome para promocionar mis novelas lo haría sin dudar y sin preocuparme del uso secundario y descontextualizado que otros y otras pudieran hacer de dichas imágenes (pero, creedme: es mejor que no me quite la camiseta, y mucho menos, los calzoncillos).

A mí me parece bien que haya actrices (y actores) que se desnuden en el cine, incluso sin venir a cuento. Me parece bien, también, que no lo hagan. Cada cual es libre de gestionar su propio físico y el tono general de su propia carrera.

Lo que no resulta de recibo es pretender estar en misa y repicando. Aceptar desnudarse, cobrar por ello, y por los derechos de imagen devengados (quizá es ahí donde le duele a Ana de Armas, que no va a cobrar por las visualizaciones «viralizadas» de sus desnudos) y luego hacerse la casta y la víctima. Si estás buena y enseñas carne sabes desde cinco horas antes de quitarte las bragas lo que va a suceder y lo aceptas, porque cobras por ello y porque te da la real gana. No vale hacerse la ñoña y la víctima después y, mucho menos, intentar hacer demagogia y propaganda afín al Me Too…que por cierto: a ninguna de las que luego se quejaron en aquel movimiento les obligaron a aceptar los tratos ni dejaron de cobrar por sus actos. Si no querían chupar esta o aquella polla o enseñar el culo eran muy libres de renunciar a ser estrellas de Hollywood y resignarse a una carrera de actriz desconocida en el teatro. Pero querían ser estrellas y tragaron con todo (nunca mejor dicho)…para luego quejarse y hacerse las víctimas. Pobrecitas…

No, nenas, o puta o monja…ambas cosas son incompatibles. La dignidad no es una cuestión de hipocresía y llanto, sino de coherencia y respeto hacia uno mismo y los demás.

Por cierto: estoy recordando cierto consejo que daba sobre las actrices Pierre Louys en su Manual de Educación Para Señoritas…pero voy a dejarlo ahí.

© Fernando Busto de la Vega.

AUTOLESIONARSE (PARA NO IR A LA GUERRA)

La puntualización entre paréntesis del título es necesaria porque el mundo de la autolesión es extenso y presenta muchas y complicadas vertientes. En otra ocasión, quizá, hablaré de aquella chica que conocí (y con la que por razones obvias estuve muy poco tiempo) que se quemaba el cuerpo con cigarrillos cuando era feliz o alcanzaba un orgasmo. Pero ahora vamos a ocuparnos de un asunto serio.

Estamos viendo a los jóvenes rusos rompiéndose piernas y brazos para no acudir a una guerra sangrienta y perdida que les convertirá no en héroes sino en asesinos, torturadores y, quizá, mutilados y muertos. Bien mirado, no deja de ser una forma de deserción y puede juzgarse moralmente con cierta dureza. Pero habla también, muy claramente, de la legitimidad del régimen de Putin y de su aceptación social. Negarse a servir a un tirano es lícito y hasta encomiable, lo cual cambia por completo nuestra percepción del hecho que tratamos. Quizá los jóvenes rusos que se autolesionan o que directamente huyen y desertan para no participar en una campaña claramente criminal puedan ser conceptuados como héroes después de todo.

Pero más allá del aspecto ético y moral del tema que nos ocupa, quiero poner de relieve su implicación política. Que los jóvenes se autolesionen para no ser reclutados no es nada nuevo. En la antigua Roma muchos campesinos se cercenaban el pulgar derecho para no poder sujetar la lanza ni la espada y quedar de este modo exentos de un reclutamiento obligatorio que les ceñía al yugo militar durante la mitad de sus vidas. Lo que subyacía en aquel comportamiento que podemos considerar antipatriótico era que a los campesinos romanos las conquistas de la clase senatorial y los jugosos negocios de la clase ecuestre les resultaban indiferentes. Ellos no ganaban nada con las conquistas, solo ponían el esfuerzo, la sangre y la vida. Su máxima aspiración era seguir felices y pacíficos en sus aldeas. El imperio era cosa de los ricos y poderosos.

Por regla general esto sucede en todas las guerras. Los beneficios son de los ricos que no van al frente y el sacrificio de los pobres que no obtienen ningún beneficio. En momentos como este, en el que tan cerca estamos de una confrontación mundial y una aniquilación global, quizá deberíamos recordar este extremo y empezar a autolesionarnos colectivamente.

Frente a la codicia de los poderosos quizá deberíamos, todos, empezar a enfatizar la hermandad entre los pueblos y los seres humanos y la paz como valor universal.

Sé que los cristianos, los judíos, los budistas y los menos agresivos de los musulmanes tienen una moral muy bien definida al respecto. Yo soy pagano y en el paganismo tres son los principios básicos de la moral política: Diké, Eunomía y Eirené, es decir: Justicia, Buen Gobierno y Paz. De modo que podemos entendernos. Todos hemos recibido el mismo mensaje divino de paz y buena voluntad, ha llegado el momento, me parece a mí, de ponerlo en valor. No nos dejemos seducir por el Demonio, lo llamemos como lo llamemos y lo representemos como lo representemos.

Los antiguos egipcios, en el Libro de los Muertos, enseñaban a escapar de las trampas de los demonios pescadores y a evitar al poderoso demonio Apofis que acechaba en las aguas del río celeste que conducía al paraíso. Estamos en ese punto.

© Fernando Busto de la Vega.