Archivo de la categoría: cultura

ALGUNOS ESCRITORES SOBREVALORADOS ( NERUDA, BORGES, CORTÁZAR, BENEDETTI…)

JULIO CORTÁZAR Y JORGE LUIS BORGES, petulantes y banales.

Curiosamente, todos los citados provienen del cono sur, puede que sea casualidad.

No obstante, el provincianismo acomplejado inherente a la cultura de esos países, el subsiguiente complejo de inferioridad camuflado de prepotencia intelectual y el rechazo visceral a la herencia española que conducía a estos escritores, como si fueran indígenas africanos deseosos de ser admitidos en buenas universidades, a infames procesos de aculturación y mimetización con tradiciones ajenas como la francesa o la anglosajona conforman en buena medida la insulsa banalidad de sus aportaciones literarias y su candidatura al olvido. No es, pues, casualidad que la lista de atañidos por el título se centre en una zona geográfica concreta. Aunque en próximas entradas dirigiremos la artillería contra otros nombres y otras geografías, conviene ir desmantelando las falacias literarias engendradas por el siglo XX para abrir camino a una profunda renovación en el siglo XXI.

El más fácil de eliminar de los citados es Pablo Neruda a quien solo su afiliación al comunismo le hizo grande. El comunismo, igual que ahora el feminismo, tenía como táctica, para presentarse como opción moral e intelectualmente superior, jalear a los artistas y escritores afiliados a sus estructuras o afines a ellas. De eso se benefició un poeta por lo demás mediocre y olvidable como el citado. Neruda es Neruda por comunista, no por poeta. Dejémoslo ahí.

PABLO NERUDA, mediocre y olvidable.

Borges y Cortázar adolecen de un mal muy propio de los criollos ilustrados. Ya lo hemos dicho: complejo de inferioridad con respecto a Europa, provincianismo y renuncia a sus verdaderas raíces españolas, lo que les conduce a una hipercaracterización como escritores inscribiéndose en corrientes vacuas, pero aclamadas como vanguardistas por los mediocres medios intelectuales franceses y anglosajones y, por lo tanto, a construir una obra sin interés, raíces ni futuro. La propaganda de los intelectuales aquejados de sus propios males tanto en América como en Europa se encargó de colocarlos en pedestales de barro de los que va siendo hora derrocarlos. Argentina debe repensarse en todos los sentidos, pero, sobre todo, en el intelectual y literario.

En cuanto a Benedetti…pura superficialidad. No abundaré más en ello.

MARIO BENEDETTI, desdeñable.

© Fernando Busto de la Vega.

SOBRE EL ATENTADO CONTRA SALMAN RUSHDIE EN NUEVA YORK

Las cosas nunca son tan evidentes, unidimensionales y sencillas como parecen.

Imagino a muchos lectores leyendo estas líneas con una idea muy concreta sobre lo que voy a decir al respecto del hecho que las inspira. Y, sí, naturalmente que voy a clamar por la libertad de expresión inherente al oficio del escritor, contra la barbarie y el totalitarismo, incluso contra la superstición islámica que en opinión de este autor es la más execrable, peligrosa, repugnante y contraria a la civilización de todas las supersticiones surgidas del tronco abrahámico (que en todas sus ramas es peligroso, repugnante y contrario a la civilización, sin excluir al cristianismo).

Pero para decir esas cosas, esas tonterías, para sumarme a los lugares comunes no me molestaría en escribir. Como escritor, aunque desconocido, tengo un cierto valor porque nunca me quedo en lo evidente ni me conformo con los lugares comunes ni las perspectivas predeterminadas. Hay que pensar siempre un poco más allá.

Y a este respecto solo quiero hacerme una pregunta y hacérsela al lector: ¿nos importaría lo más mínimo que apuñalen, asesinen o inviten a lokums y baklavas envenenadas al señor Rushdie si su obra no viniera a sustentar la ideología del imperialismo yanqui y la percepción de los anglo-germano-protestantes y sus adléteres sobre cómo debe ser el mundo?

Detestamos a los ayatolas, y eso está bien. Pero, por el amor de todos los dioses grandes y pequeños, no cometamos el error de no detestar a los pastores evangelistas ni seamos tan ingenuos como para creer que cuando determinados estamentos se llevan las manos a la cabeza por un hecho como el apuñalamiento del señor Rushdie lo hacen por causa de la libertad y del progreso.

Va siendo hora de madurar, de mirar más allá…De ir cambiando el mundo.

© Fernando Busto de la Vega.

LA CRISIS DEL HIELO

Resulta que a la crisis de camareros (causada por la poca vergüenza de los empresarios hosteleros que someten a su personal a largas jornadas laborales no remuneradas, a bajos sueldos que no permiten vivir con dignidad y a una temporalidad criminal) se le suma en la hostelería la crisis del hielo.

Pasa que los establecimientos no tienen hielo por causa de los problemas derivados de sus proveedores.

Desgraciadamente, uno tiene ya sus años y ha tenido que trabajar para ganarse la vida. Durante un cortísimo periodo fui el peor camarero de la historia y durante otro más largo gané algo de dinero con la organización de fiestas y eventos y nunca me faltó el hielo por un motivo sencillísimo: carecía de proveedores. En esa época existían máquinas que lo fabricaban y que no faltaban en ningún local que se respetase ni en ninguna nave de empresa dedicada a la organización de eventos que supiera cómo hacer las cosas. Cierto: adquirirlas representaba una inversión inicial y un cierto gasto de mantenimiento que debía unirse al consumo de energía inherente a su funcionamiento, pero merecía la pena.

¿Por qué ahora falta hielo en los bares y las discotecas? ¿Ya no existen dichas máquinas?…No, el problema es uno muy frecuente (y extrapolable al resto de la economía) en nuestro país: un modelo ineficiente de negocio contagiado de la ideología neoliberal de la externalización. Cuando externalizas en equipos básicos y en provisión de productos indispensables sucede esto: quedas a merced de las fluctuaciones de los mercados en los que se desenvuelven tus proveedores y de circunstancias incontrolables.

Sucede en los bares y, como hemos dicho, sucede a todos los niveles de la economía mundial. La ideología neoliberal está profundamente equivocada en todos sus puntos, es una estupidez absoluta que hemos aceptado a causa de su origen yanqui y el seguidismo estúpido de nuestros sectores empresariales. Y ahora pagamos las consecuencias.

Ocurre lo mismo con la explotación de la mano de obra que se pretende poco cualificada (cuando desde un buen camarero a una buena limpiadora pasando por un buen albañil o mecánico, son empleos que exigen una especialización, una experiencia y una cualificación que es preciso pagar y marca la diferencia, aunque no se aprenda en carísimas universidades privadas o escuelas de negocios destinadas a adoctrinar y ofrecer títulos a los niñatos de las clases altas que no han trabajado ni van a trabajar de verdad en toda su vida): si no la pagas y la respetas al final expulsas el talento de tu sector.

Hay que repensarse, empresarios cortoplacistas, peseteros y pancistas: dejar la avaricia y pasarse a la eficiencia, al respeto y al patriotismo social. Os irá mejor.

Por cierto: me dice un amigo propietario de un bar (y que no ve con buenos ojos esta entrada) que, de todos modos, él tiene que pagar por el hielo picado para la coctelería… Y ese es el problema: que torean sin saber, se meten sin conocer los cimientos más elementales del oficio. De toda la vida los buenos barmans (no los que hacen malabares con las botellas, sino los que tenían los huevos pelados de recorrer cruceros y hoteles de lujo) sabían elaborar el hielo frappé, que es el mejor para cualquier preparación de coctelería digan lo que digan los zangolotinos de la modernidad.

Es sencillo: se envuelven los cubitos en un trapo limpio y se golpean contra la pared o se machacan con un martillo hasta convertirlos en una masa granulada dejando al cliente sorprendido y absorto con el procedimiento. Claro que en nuestros días no faltarán las pisaverdes concienciadas que consideren dicho proceso violento y machista. Es lo que hay…

De verdad: estoy convencido de que los actuales profesionales, a fuerza de modernos y de listos, padecen un profundo déficit de conocimientos sobre sus propios oficios y negocios. Un profundo desconocimiento que se extiende a todo el pasado, lo que convierte a muchos elementos de las actuales generaciones en boga (desde la X a la Z) en auténticos ignorantes, incompetentes y fracasados en potencia. Y así nos va.

Esas generaciones, compuestas en su mayor parte por individuos muy pagados de sí mismos, pero con muy poca experiencia real y muy poco respeto al pasado del que deberían haber aprendido, a la par que conducidos cual rebaños por gurús de la economía que solo son vendedores de humo (aunque hayan conseguido hacerse ultramillonarios) están fracasando hoy, en tiempo real, es un hecho…y van a arrastrarnos a todos en su fracaso colectivo. Lo decía en una entrada anterior: mis queridos fracasados, es momento de cambiar, de aprender…de convertiros en adultos.

¡Vaya, algunos con cincuenta, con cuarenta, con treinta años están llamados a madurar por causa misma de la realidad!… ¡Qué drama!

© Fernando Busto de la Vega

UN LIBRO HOY IMPUBLICABLE (LA LOZANA ANDALUZA, VENECIA, 1528)

Los clásicos son la verdad por muchas razones, entre otras porque su longevidad nos permite poner en entredicho las abrumadoras y pasajeras modas ideológicas y morales que nos toca sufrir. Nos aportan perspectiva, complejidad de juicio y experiencia frente al magma del férreo sentir mayoritario. Nos convierten, por lo tanto, en personas frente a las turbas gregarias y vociferantes que, capitaneadas por Savonarolas de tres al cuarto, imponen su represiva inquisición al mundo.

Imagino, es la tónica de los tiempos, que muchos de los que lleguen aquí no habrán leído La Lozana Andaluza que el clérigo español Francisco Delicado, exiliado de Roma después del saqueo de 1527, publicó en español en Venecia al año siguiente. Recomiendo, por lo tanto, a quienes no lo han hecho todavía que se dejen envolver por la canallesca ironía de este libro dinamitero y germanesco; se divertirán y saldrán mejorados del trance.

Pero, si traigo La Lozana Andaluza a colación, es solo para constatar el hecho de que hoy sería imposible publicarlo.

Dos simples pinceladas:

1-) Lo protagoniza una joven (de unos 20 años al inicio de la historia) que al fracasar su proyecto de contraer matrimonio con un tipo acaudalado, viaja a Roma donde ejerce la prostitución (por propia voluntad y gusto, cosificándose lo justo , pero con alegría somardona) y luego allega ingresos extra encargándose de la belleza de otras prostitutas, especialmente especializándose en mantener bien depilada la entrepierna de las de origen español (y en su gran mayoría judío), las italianas se caracterizaban al inicio del siglo XVI (y en el XX) por la propensión al salvajismo hirsuto de sus ingles.

2-) La protagonista acepta tener un chulo, que a su vez se convierte en su amante, y este, Rampín, es un niño de diez años al comienzo de la historia. Remito al lector al inicio del Mamotreto XIV del libro para su escándalo e ilustración.

¿Y nosotros somos los modernos? Lo diré una vez más: el puritanismo protestante anglosajón que ahora modela nuestras leyes y la moralidad de los ignorantes que dominan el paupérrimo mundo cultural (y editorial) de nuestros predios nada tiene que ver con el superior, más libre, moderno y rompedor paradigma español (que no hispano, puesto que los escritores americanos, en su gran mayoría, aquejados por sus complejos provincianos y su sesgada educación basada en el racismo antiespañol desconocen y han renunciado a dicho paradigma encasillándose en las normas llegadas desde el imperialismo germánico y demostrando con ello sus limitaciones artísticas e intelectuales al tiempo que su inusitada soberbia en muchos casos en connivencia con el provincianismo de las editoriales barcelonesas, aquejadas de similares problemas de catetismo y limitación intelectual, aunque serán bienvenidos a la renovación literaria y cultural cuando despierten y tomen conciencia de su verdadera naturaleza). Es preciso retomar nuestra verdadera identidad y encabezar de nuevo una renovación cultural, moral y literaria. Hay dos generaciones, la X y los millenials, que están fracasando y naufragando profesional, política, social, económica y culturalmente en estos mismos instantes que deberían aprovechar la dura lección de su fracaso vital para abandonar sus estúpidos lugares comunes, prefabricados por nuestros enemigos, y comenzar a hacer algo útil con sus vidas, también en el campo del arte, de la cultura y de la literatura.

He dicho.

© Fernando Busto de la Vega.

EL NEOLÍTICO SE ACABA

Parapetados sobre la ficción ultratecnológica en la que nos desenvolvemos (que concebida desde una perspectiva de dominio cultural y explotación social, ayuna de neutralidad y en absoluto dispuesta para nuestra evolución personal o social lejos de mejorarnos como individuos y como especie, nos lastra y nos conduce a la involución), miramos al pasado con soberbio y pomposo desdén, considerándonos muy lejos de nuestros ancestros. Pero lo cierto es que vivimos en pleno neolítico.

Nuestra mentalidad es plenamente neolítica y la última vez que se modernizó fue en la Edad del Bronce. Puede parecernos otra cosa, pero estamos lejos de ser modernos y mucho menos avanzados.

Vivimos todavía en el paradigma del crecimiento infinito en esa ideología que la Biblia especifica en el «creced y multiplicaos» y en la idea de que el mundo está hecho para la expansión de la economía humana. Cito a la Biblia en este punto, pero es una idea común, puramente neolítica, extendida por todas las culturas y ámbitos del mundo y que ha permeado a las «modernas» ideologías (liberalismo, marxismo) que no son sino una evolución laicista de la superstición teocrática neolítica con modificaciones de la Edad del Bronce que conforma el paradigma en el que vivimos.

Pero la realidad ha derribado ya esa creencia. Sabemos ahora que el planeta permite tan solo un crecimiento limitado y que es preciso dejar grandes espacios abiertos al desarrollo libre de un medioambiente intacto. Sabemos también que debemos adaptar nuestro crecimiento y nuestro número a los recursos que podamos aprovechar dentro de lo razonable.

Sabemos, además, que el neolítico procede en el fondo de una oportunidad climática que, según todos los indicios, se acaba. Entramos en una nueva era ( diría yo que no mejor) y esa debería ser la principal preocupación de la humanidad. En lugar de eso vemos a los líderes religiosos (a todos sin excepción ) reafirmándose en los dogmas absurdos y ya superados de sus religiones neolíticas con modificaciones de la Edad del Bronce y a los líderes políticos impulsando políticas puramente insertas en el pensamiento neolítico ya periclitado.

Si nos fijamos en las actitudes de Estados Unidos, China y Rusia veremos que las grandes superpotencias, lejos de ocuparse del cambio de era que ya vivimos, siguen ancladas en mentalidades arcaicas (desde el dogma del crecimiento infinito al del domino fáctico) que nos conducen a la destrucción.

El neolítico acaba, las estructuras antiguas ya no nos sirven. Vivimos ante una dicotomía cada vez más acuciante: extinción o salto evolutivo. Desgraciadamente, ninguna de las estructuras políticas, estatales, sociales, religiosas o culturales del momento nos sirven para evitar la extinción y nos lastran a la hora de lanzarnos al necesario y salvador salto evolutivo.

Cada vez somos menos inteligentes y estamos más manipulados, la inercia política de las grandes estructuras estatales, ideológicas, económicas y religiosas nos arrastra sin remedio. Ansío el salto evolutivo, pero dudo mucho que seamos capaces de darlo.

El neolítico se acaba y con él parece que nos acabaremos también nosotros.

Qué se le va a hacer.

© Fernando Busto de la Vega.