SPANISH FRIDAY

Resulta que los grandes genios de nuestra oligarquía política y económica se han sacado de la manga una nueva fecha para incentivar el gasto (no se molestan demasiado o no son capaces de estimular y asegurar las ganancias de los ciudadanos, pero siempre están dispuestos a sangrarlos voluntaria o involuntariamente, no vivimos en una democracia sino en una cleptocracia extractiva y, por lo tanto, tiránica) y no se les ha ocurrido otra cosa que imitar una treta anglosajona que, por lo demás, las grandes empresas, en su habitual y culpable mímesis con el neoliberalismo yanqui, ya han importado (como importaron, atentando contra la cultura española, la Historia y la idiosincrasia nacional el árbol de Navidad o a Papá Noel) repitiéndola en una fecha diferente.

La iniciativa, para más inri, está capitaneada por instituciones públicas como el Ministerio de Agricultura (dirigido por Luis Planas) ,la Cámara de Comercio de España (presidida por José Luis Bonet) y el ICEX (una especie de INI para fomentar, con dinero público, la exportación privada, que depende de la Secretaría de Estado de Comercio, que ocupa Xiana Margarita Méndez que preside, además, el Instituto Español de Comercio Español), que a su vez depende del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo que ocupa Reyes Maroto.

Naturalmente, a esta iniciativa pública destinada a favorecer el enriquecimiento de las grandes empresas privadas (que ya han acreditado en general su falta de patriotismo a través de las condiciones de trabajo que promueven, así como el sistema social y económico que imponen) se han sumado medio millar de dichas empresas privadas.

Habrá quien entienda que esta colaboración público-privada es beneficiosa y que sirve a la nación puesto que el enriquecimiento de las empresas privadas se traducirá en más empleo. Es una forma de verlo, pero lo que significa en realidad es que el Estado no está al servicio de los ciudadanos sino de los grandes intereses empresariales y económicos. Después de todo, un obrero (sigue existiendo la clase obrera, aunque traten de convencernos de lo contrario y, en realidad, incluye a muchos de los que se consideran clase media, traicionados por su propia vanidad e ideologización neoliberal) no puede aportarle nada a un político cesante, en cambio una empresa… ¿hemos oído hablar de puertas giratorias?…

Pero cuidado, el síntoma va mucho más allá de la evidencia ya conocida de que el parlamentarismo liberal está lejos de ser un sistema democrático y que no se inventó para servir al pueblo sino al capital (y, por ende, al imperialismo extranjero, originalmente anglosajón, aunque hay que empezar a tener cuidado con los chinos) …el problema es el acelerado proceso de aculturación que estamos sufriendo. El imperialismo anglosajón, racista y totalitario, odia todo lo español y lleva siglos haciendo labor de zapa para eliminarnos del mundo y de la Historia. La táctica de ir eliminando el español como lengua pública y sustituyéndola por anglicismos y, directamente, expresiones inglesas, no es baladí, es una de las más poderosas armas de aculturación y de destrucción de la conciencia nacional y cultural española.

Y van esos relumbrones de nuestra adocenada y colonial (colonizada, quiero decir) política y empresa nacional y bautizan su copia del Black Friday con el nombre inglés de Spanish Friday, no Viernes Español, o Rebajas Espaciales del Viernes Español…lo hacen en inglés. Repito: no es dato menor, es parte de un movimiento nada inocente de destrucción de España y lo español por parte de nuestros enemigos seculares.

Exijo la dimisión inmediata de todos los implicados en este asunto, especialmente los citados nominalmente en este artículo. Con el tiempo, y el necesario cambio de régimen, ya los conduciremos al lugar exacto que les corresponda.

© Fernando Busto de la Vega.

MORTADELO Y FILEMÓN EN CLAVE FALANGISTA

España es culturalmente hipócrita. Vive en la continua reinterpretación y olvido interesado de sus realidades para adaptarlas a las conveniencias políticas dominantes de cada periodo y, en general, la tendencia imperante consiste en implantar un sesgo ideológico que divide en bloques la realidad, la sociedad y el legado cultural y escamotear la continuidad histórica de la cultura popular española para adecuarla a los intereses del régimen actual y de la evolución totalitaria que algunos pretenden imprimirle. Por ese motivo artículos «eruditos» e «historicistas» como el presente son necesarios. Porque debemos eliminar el nocivo sectarismo, la manipulación cultural e histórica y establecer una perspectiva neutral y de unidad y futuro a nuestro legado cultural.

En la conmemoración del cuadragésimo aniversario de la aparición de Mortadelo y Filemón, allá por 1998, el propio Ibañez ofreció una explicación del supuesto origen de Mortadelo en la que se aseguraba que su nombre procedía de su forma al nacer. Al parecer una mortadela, recibió el apelativo. Se trataba de una explicación ramplona propia de la reinvención de un mito y su aggiornamento con intenciones de satisfacer la curiosidad infantil sin meterse en charcos innecesarios que nada aportarían a la popularidad del mismo ni a su comprensión dentro de un contexto ligero y sin pretensiones.

No obstante, aquí, y con la intención ya expuesta, vamos a poner en contexto los personajes y su dimensión social contextualizándolos en su momento de surgimiento y primera etapa entre 1958 y 1969.

En esa década, los antiguos participantes en la División Azul se encontraban en el auge de sus vidas y la relación entre Mortadelo y Filemón era una apelación directa a una situación vital que podían reconocer a la perfección, se trataba de un chiste generacional que, a la vez, retrataba a la perfección la pirámide social del momento y la naturaleza ideológica del régimen imperante entonces, así como la deriva personal de muchos de los que se adhirieron a él con entusiasmo en los primeros momentos y, por lo tanto, expresa a la perfección el camino silencioso e íntimamente personal de una generación que fue avanzando hacia la idea de reconciliación y de democracia desde la pérdida de ideales y que, a la postre, tendió una mano que la «otra España» no recogió sin resentimiento y sectarismo.

Los expedicionarios en la División Azul fueron relevándose de tal modo que los veteranos de combate aleccionaban a los novatos antes de regresar a España. En ese contexto, los novatos eran denominados «mortadelos» y estos se dirigían a los veteranos como «jefes» estableciéndose relaciones «profesionales» como las que mantienen los personajes del comic: un «jefe» engreído y desdeñoso, no especialmente competente, obligado a realizar misiones con la ayuda de un novato «mortadelo» voluntarioso, pero inexperto, que las ponía en peligro con su temperamento infantil, ajeno todavía a la mentalidad militar y la naturaleza cruel de una guerra que, como la propia existencia profesional de los personajes, carecía de sentido. No debemos olvidar que la División Azul significó para muchos de sus miembros una dura cura de realidad que les empujó a ese cruel escepticismo y pesimismo social que también muestra el comic. Por lo tanto, es importante apartar a Mortadelo y Filemón de una explicación simplista e ideológica e inscribirlos en una profunda interpretación vital, generacional y social. La grandeza del mito reside ahí: en su hondura, su conexión con la realidad social y su continua evolución y reinvención para adaptarse a la misma cargándose de estratos interpretativos.

El chiste de los jefes y «mortadelos» era netamente generacional y, obviamente, dejó de tener mordiente (aunque no cambiara al constituir la esencia de los personajes) con el tiempo y el cambio social que el mismo comic siguió a partir de 1969 con el ingreso de Mortadelo y Filemón en la TIA y su entrada en el mundo de la guerra fría, pero es bueno, en aras de recuperar una perspectiva neutral y positiva de nuestro legado cultural, recordar esa primera etapa y su origen social, generacional y político.

© Fernando Busto de la Vega.

ELOGIO DEL LIBERTINAJE (Y DEL HEROISMO CABALLERESCO)

Salvo por el hecho de que la fama negativa de los Borgia responde más bien a la xenofobia de los italianos contra una familia española que recogieron los protestantes para justificar su quebrantamiento del orden jurídico internacional (ruptura que les condujo entre otras cosas a naturalizar la piratería como acto comercial) y dejando aparte mi desdén por Orson Welles, a quien estoy lejos de considerar un genio (todo lo más un émulo tardío de las vanguardias europeas, especialmente alemanas) suscribo la frase que ilustra el vídeo de esta entrada («En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, no hubo más que terror, guerras, matanzas , pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento; en Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, paz y democracia y ¿cuál fue el resultado? El reloj de cuco»). El puritanismo y el dominio gris de los comerciantes que constituyen la base del parlamentarismo liberal capitalista (que, por mucho que insista, no es ni se parece a la democracia) bloquea la creatividad (imponiendo una censura omnipresente a diversos niveles) y conduce a la decadencia moral, cultural y artística.

Es preciso, si queremos sobrevivir, librarnos del liberalismo y todas sus mentiras (incluida la de la igualdad, que es la más nociva de todas. Guste o no hay pueblos que hicieron y expandieron la Civilización y otros que todavía hoy se niegan a aceptarla y parecen incapaces de asimilarla y deben, por lo tanto, ser gobernados).

La moral calvinista del liberalismo capitalista, basada en el puritanismo bíblico y la codicia económica propia de los provincianos burgueses alemanes del XVI que se extendió con el protestantismo permitiendo el auge de clases desprovistas de educación, ayunas del sello glorioso de la caballerosidad medieval (no resulta extraño que los judíos fueran, a la postre, los grandes beneficiados del auge del protestantismo pues jamás se habían visto inmersos en la gloriosa tradición europea y helenística del héroe que devino en la figura del caballero, solo fueron especuladores y usureros y esa conculcación de los valores heroicos les vino como anillo al dedo para expandir sus negocios), es una forma de decadencia acentuada desde la Revolución Francesa y la caída del imperio español.

Y no debemos equivocarnos, la izquierda (incluyendo a progres y wokes) ha heredado ese germen de decadencia y la moral pacata del liberalismo, no olvidemos que Marx era un judío alemán crecido y educado en pleno Romanticismo, movimiento que significó la culminación de la mentalidad calvinista-protestante, y legó a sus émulos y seguidores toda esa moral decadente y puritana de la que todavía hacen gala los marxistas y afines. El anarquismo tiene la misma raíz, ergo la izquierda, incluso en su vertiente supuestamente más revolucionaria, cumple el mismo papel que el liberalismo capitalista: la degradación de la grandeza humana que conduce de cabeza a la decadencia social, moral y cultural.

Tenemos que cambiar de paradigma, retornar a la idea heroica y caballeresca, al paganismo que permite a cualquier ser humano alcanzar la condición de dios si demuestra la grandeza necesaria, al hombre que, manteniendo la ecuanimidad apolínea del nada en exceso, sabe que todo le está permitido y que las grandes acciones limpian por sí mismas las miasmas de los grandes placeres. Es preciso inaugurar la época salvaje de los héroes libertinos que nos conduzcan al nuevo nivel superior de civilización.

Sé que la mayor parte de vosotros no entenderá lo que estoy diciendo. Vivimos todavía entre tinieblas, pero yo confío en el Sol Invicto y en Cronos-Zerván, la luz regresará en forma de relámpago justo antes del alba.

© Fernando Busto de la Vega.

CLAVES DE LA ESTRATEGIA FEMINISTA

Como todo totalitarismo sectario, el feminismo solo puede medrar manipulando y falseando la verdad, mintiendo e imponiendo sus mentiras mediante la demagogia y la fuerza (léase represión).

Teniendo en cuenta que el origen del feminismo se encuentra en un profundo complejo de inferioridad y en la médula misma de los desarreglos emocionales y hormonales de hembras con más instrucción que capacidad para gestionarla y con la soberbia propia de los vástagos de las clases altas (el feminismo lo inventaron anglosajonas ricas férreamente convencidas de su superioridad racial, moral y social, pero no especialmente inteligentes) no ha de extrañarnos que resulte repulsivo, retorcido y radicalmente histérico.

Pero ello no implica que no se rija por una estrategia firme y efectiva que se resume en los siguientes puntos:

1.- VICTIMIZARSE, proceso que les resulta natural desde el resentimiento causado por el complejo de inferioridad y los desarreglos mentales que se encuentran en la base de toda la ideología. El feminismo es, básicamente, una manifestación de la histeria de algunas hembras incapaces de madurar y asumir su papel en el mundo. Es una forma de perpetua infantilización de mujeres que rechazan las responsabilidades y frustraciones de la edad adulta.

2.- ESTABLECER UN DISCURSO MANIQUEO. Una de las manifestaciones de las enfermedades mentales es la creación de una interpretación distorsionada y retorcida de la realidad que puede constituirse en el cimiento doctrinal de una secta, como es el feminismo. Naturalmente, partiendo de la victimización causada por el complejo de inferioridad y demás desarreglos mentales, la consecuencia lógica es la distorsión de la realidad manifestada en la creación de un discurso maniqueo que se convierte en dogma irrebatible en el que las mujeres (princesitas agraviadas) siempre son las buenas y los hombres (simios apestosos y brutales) siempre son los malos. Por cierto, que esta forma de ver las cosas proviene directamente de la otra rama en la que militaron las primeras feministas durante décadas: las ligas de la decencia que dibujaban a los hombres como pecadores sumidos en el vicio que debían ser rescatados no por las mujeres normales sino por las puritanas que militaban a la vez en el prohibicionismo y el sufragismo. De hecho, lo hemos explicado ya en estas páginas, los grandes éxitos del feminismo fueron la imposición de la Ley Seca y la introducción de la censura en el cine, así como otras medidas puritanas y prohibicionistas que limitan igualmente la libertad de los hombres y de las mujeres.

3.- NEGAR SIEMPRE LA REALIDAD. Es lógico: cuando estableces un discurso dogmático disociado de la realidad, esta siempre, tercamente, acaba dejándote en evidencia. El único medio de evitarlo es el negacionismo y, como consecuencia de él la censura, la demagogia, la represión…

4.- FORMAR LOBBIES RUIDOSOS. La democracia, en el sistema liberal parlamentario, es una fantasía. Nada se resuelve en las urnas, todo en los despachos, entre bambalinas. Quien puede importunar o sobornar más y mejor a los gestores ocultos, obtiene sus propósitos, especialmente si acompaña sus manejos en las sombras de los despachos con demagogia y propaganda públicas.

5.-PARASITAR LOS ESTADOS Y UTILIZARLOS COMO MÁQUINAS DE REPLICACIÓN DEL DOGMA Y EL HISTERISMO INICIAL. En ese sentido todo político que se proclame feminista debe ser considerado un traidor a la patria y al pueblo, no digamos ya aquellos que abren las puertas de los ministerios y riegan con fondos públicos a los chiringuitos del lobby feminista, puesto que están participando conscientemente o no en la imposición de una dictadura.

6.- LA SIMPLE Y PURA REPRESIÓN ACOMPAÑADA DE PROPAGANDA INTENSA Y DEMAGÓGICA DESDE EL ESTADO PARASITADO. En suma: crear una dictadura de corte estalinista e ideología feminazi.

Ya estáis informados (ojo, e informadas) ahora es responsabilidad vuestra frenar esa dictadura y castigar con la máxima dureza a quienes la promueven y la están imponiendo.

© Fernando Busto de la Vega.

LA INCONGRUENCIA TURCA (Y EL PROBLEMA IRRESOLUBLE QUE ACARREA)

Cuando Mehmet II conquistó Constantinopla en 1453 asumió el título de Qayser-i-Rum, es decir: Emperador de Roma. Naturalmente, nadie, salvo sus súbditos, le reconoció como tal.

Desde el siglo XV los turcos están empeñados en ser aceptados como parte integrante de Europa e incorporados en la familia continental, pero eso es imposible. No se trata ya de su origen estepario y asiático (que comparten, por ejemplo, con los húngaros y los búlgaros) sino del hecho diferencial islámico.

El islam siempre fue una amenaza para Europa que se forjó combatiéndolo (desde la batalla de Guadalete hasta la guerra de los Balcanes pasando por la Reconquista y las Cruzadas). Además, el imperio romano, especialmente el oriental, se identificó con el cristianismo desde el siglo IV y no cabía una sucesión legítima en un monarca musulmán que, además, no mantenía lazos dinásticos con las casas europeas. Sin olvidar que el islam se dedicó a combatir al imperio bizantino desde su mismo origen en el siglo VI siendo la conquista de Constantinopla en el XV la culminación de esa ofensiva.

Así las cosas, el imperio otomano hubo de resignarse a ser la cabeza del mundo islámico y oriental, aunque sin renunciar nunca a su aspiración a ser admitido como parte de Europa.

En parte, el fracaso en materializar dicha aspiración constituyó el germen de la decadencia y desaparición del imperio. La nueva república, con Ataturk a la cabeza, siguió intentándolo a través de una profunda reforma que incidió en el avance hacia la laicidad y la sustitución del alfabeto cúfico por el latino. No obstante, la disidencia de base persistía.

Más adelante, en los albores del siglo XXI, Turquía trató de ser admitida en la Unión Europea viéndose rechazada y acusando a dicha organización de ser, oh sorpresa, un «club cristiano»…y tenían razón: Europa nunca fue musulmana y si se convierte en tal (hay riesgo de ello por las estultas políticas migratorias liberal-progresistas) dejará de ser Europa. Por lo tanto, Turquía solo podría ser considerada parte de Europa si abandona el islam y acepta el cristianismo.

Eso no va a suceder, no puede suceder…los turcos abandonaron las estepas y se integraron en el mundo agrícola y urbano bajo la égida del califato abasida y bajo su legalidad, de modo que el islam sunnita constituye la columna vertebral de su identidad nacional y étnica y su realidad actual proviene de la evolución de ese universo político y jurídico, no del europeo.

¿La consecuencia? Turquía solo tiene dos salidas: el islamismo radical o la política panturquista orientada hacia Asia y hacia las minorías turcas de los Balcanes. En cualquiera de los dos casos, o si los combina, Turquía está llamada a continuar siendo un problema enquistado en el seno de Europa contra el que tarde o temprano habrá que combatir y, a ser posible, eliminar. La geopolítica es así. Cambian los regímenes, permanecen las realidades.

© Fernando Busto de la Vega.