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MILEI, LAS DOCTRINAS ULTRALIBERALES Y LA PROSTITUCIÓN INFANTIL

Javier Milei tiene razón: las propuestas socio-liberales y socialdemócratas han fracasado, sobre todo en Argentina. Son ya un arsenal caduco frente a la realidad actual. Empeñarse en su defensa y en el pensamiento que las acompaña es apostar a seguir fracasando.

Pero Javier Milei tiene un problema: las ideas ultraliberales que él defiende y las ideas a ellas asociadas son un arsenal todavía más antiguo, caduco e ineficaz frente a esa misma realidad. Regresar a la época de Oliver Twist no parece un horizonte ni demasiado deseable ni en absoluto estimulante. Además, los resultados de ese tipo de políticas despiadadas, egoístas y de puro darwinismo social están bien a la vista en toda la América hispana sometida desde el sigo XIX a las doctrinas del capitalismo anglosajón: mafias, niños en la calle, delincuencia, atraso, inseguridad ciudadana, encastillamiento forzado de los ricos en guetos no por lujosos menos asediados…

Combatir el fracaso de unas ideologías caducas con otras que lo son aún más, y mucho más perjudiciales, no parece el camino de un hombre sensato. Podemos, pues, tachar a Javier Milei con epítetos poco halagüeños para su inteligencia e integridad. Sobre todo porque tiene la edad suficiente para conocer un ejemplo palmario de un experimento económico y social como el que él propone. Un experimento del que conocemos perfectamente las consecuencias.

En 1991 Boris Yeltsin se empeñó en pasar del comunismo al capitalismo en 500 días.

Lo hizo y la consecuencia, que ya nadie parece recordar y que a nadie parece importar, fue la extensión de la miseria a millones de familias. Yo estuve en Moscú y Kiev inmediatamente después de aquel desafuero y vi los centenares de miles de niños malviviendo abandonados en las calles. Vi a las niñas de nueve a once años que vestiditas de fiesta, con sus moños y sus grandes lazos eran llevadas a los hoteles de lujo para prostituirse con turistas occidentales, en gran medida japoneses, pero también europeos, árabes y americanos. También había niños, aunque pasaban más desapercibidos. La homosexualidad nunca estuvo bien vista en la esfera soviética y las mujeres maduras y viejas que gustan de revolcarse con impúberes tienden a ser mucho más discretas que los hombres que pagan para gozar de niñas. Pero, no nos engañemos, también había niños que acudían a aquellos hoteles de lujo acompañados por sus chaperonas eslavas, generalmente mujeres todavía jóvenes de gran clase y no escasa belleza física. Y estos, los niños y las niñas que eran llevados a los hoteles de lujo, eran los privilegiados, los que no tenían que vivir en la calle y prostituirse en los bosques de los que, a menudo, no regresaban. Porque torturar y asesinar a un niño o una niña que está en la calle y del que nadie se preocupa resulta sencillo y, por lo general, acaba en la más absoluta impunidad del criminal. Es así de triste, así de crudo.

Paralelamente, como también sucede en la América hispana sometida durante siglos a la ortodoxia ultraliberal anglosajona, impuesta a menudo mediante crueles y sanguinarias dictaduras, las mafias aparecen y se fortalecen y no tardan en convertir en negocio propio la prostitución de niños y niñas en los hoteles de lujo para turistas extranjeros.

Ese es el problema de Javier Milei: se enfrenta al fracaso de la socialdemocracia proponiendo como alternativa la ideología cuyo fracaso azuzó el desarrollo de dicha socialdemocracia, es decir: frente a unas ideas caducas defiende otras todavía más caducas e ineficaces que, además, lo sabemos desde el siglo XIX y nos lo demostró su adopción en Europa oriental después de la caída del comunismo, solo acarrean miseria y horror. Una situación que podemos sintetizar en aquellas niñas preciosas de mirada triste que con sus lacitos en el pelo y sus vestidos de domingo eran llevadas a las habitaciones de los turistas occidentales en Moscú y Kiev para ser violadas…

En mis novelas me gusta entrar en detalles escabrosos porque es un modo crudo y expeditivo de poner ante los ojos del abotargado lector occidental la realidad de la vida, la cruel realidad del mundo en el que vivimos y no queremos ver. Aquí no lo haré, pero imagine el lector lo que sucedía en aquellas habitaciones de los hoteles de Moscú o Kiev en 1993,1995, 1996…imagine lo que sucederá con los niños y niñas argentinos en habitaciones similares de Buenos Aires en 2025, 2026, 2027…¿Eso queremos? Eso es lo que traerán las anquilosadas y destinadas al fracaso medidas de Milei. Es triste y parece que ya irremediable.

© Fernando Busto de la Vega.

TOCQUEVILLE Y EL TOTALITARISMO DEMOCRÁTICO (ES DECIR: LIBERAL)

Releer a Alexis de Tocqueville (1805-1859) en los tiempos que corren tiene su interés y su miga. Especialmente si nos ocupamos de La Democracia En América (1835-1840) y, con mayor detenimiento, en su cuarta y última parte que anda ahora desgajada como volumen independiente con el título El Despotismo Democrático (Página Indómita, 2023).

Explica Tocqueville en la obra citada el modo en que el dogma de la igualdad y la búsqueda de la libertad individual acaba poniendo todo el poder en el Estado que, asumiendo funciones previamente delimitadas al ámbito privado o social y desarrollando otras con afán de servicio o protección (las llamadas políticas sociales son un buen ejemplo moderno y podemos observar in situ cómo su desarrollo corre parejo con una acentuación del totalitarismo estatal y la consiguiente pérdida de libertad e intimidad del ciudadano, especialmente aquel que por su posición económica o personal cae en manos de los funcionarios y los procedimientos estatales establecidos), acaba concentrando el poder y erigiéndose en un ente con vocación absolutista y, lo que es peor y sabemos desde el siglo XX: totalitaria.

Tocqueville casi llega a adivinar el devenir del totalitarismo del siglo XX que, tanto en el campo izquierdista como en el derechista surge, precisamente, de esa asunción del control y poder por parte del Estado moderno.

Lo que ni Tocqueville ni el mismísimo Marx llegaron a imaginar, vivieron en tiempos en los que el Estado centralista burgués (el Estado burgués capitalista es siempre centralista, aunque asuma formas federalistas) era demasiado rudimentario, es el modo en que el Estado se vacía rápidamente de contenido convirtiéndose, desde el liberalismo burgués, desde eso mal llamado «democracia» que nos venden como panacea occidental, en un coto cerrado de la oligarquía dominante. El Estado, con el liberalismo burgués, acaba dejando de ser res pública, el asunto público de todos los ciudadanos, para convertirse en el medio de legitimización y dominio de un solo grupo, al que a veces (y a eso juegan los grupúsculos «progresistas», «wokes» y similares) se puede obligar al pactismo y a la cesión de parcelas de poder bien regadas de dinero público.

La llamada democracia liberal acaba siendo, lo es ya en todos los países de occidente, un cascarón vacío, una máscara que esconde el totalitarismo de unos pocos (cada vez menos y más poderosos) y la desposesión de sus derechos de la inmensa mayoría de ciudadanos reconvertidos en consumidores y productores, es decir: en esclavos.

Puesto que se necesita la ceguera de los dominados para ejercer la dominación, el Estado, usando todos los medios a su alcance, desde la televisión y la educación a la publicidad que regula adecuadamente para transmitir sus mensajes ideológicos, adquiere como principales funciones la propaganda y la represión cuando aquella falla y el descontento induce a la protesta, para justificarse y dar la impresión de utilidad y servicio al ciudadano. Pero no lo olvidemos: precisamente esa «utilidad» y ese «servicio» es lo que propicia y justifica la centralización del poder estatal y su acaparamiento cada vez de mayor poder hasta alcanzar un sentido absolutista, despótico y autoritario que se pone al servicio no de los ciudadanos sino de un grupo privilegiado auxiliado por una pequeña galaxia de grupúsculos parasitarios.

La democracia liberal capitalista es un peligro para la libertad y desarrollo de la sociedad en cuanto individuos interrelacionados, la socialdemocracia progresista uno de los más peligrosos y temibles caballos de Troya del totalitarismo.

Sé que el ciudadano europeo, especialmente el adocenado español moderno, tendrá grandes dificultades para comprender lo que digo y me cancelará de su mente tachándome como ultraderechista, facha o algo similar. Es lo esperable: el totalitarismo liberal hace bien su trabajo de adoctrinamiento.

Hay que dejar de creer en los dogmas insuflados desde el poder para recuperar la libertad. Os animo a ello.

© Fernando Busto de la Vega.

LOS DISTURBIOS EN FRANCIA Y EL FRACASO DEL LIBERALISMO (Y EL COMUNISMO)

Ya en 1934 Enrique Santos Discépolo escribía el tango Cambalache afirmando: «que el siglo XX es un despliegue de maldad insolente ya no hay quien lo niegue». Ahora podemos afirmar también que fue un fracaso absoluto cuyo legado estamos sufriendo y pagando con creces.

Y lo peor es que, aunque lo parezca, nada ha cambiado. El mundo en el que vivimos sigue siendo el impuesto en 1945, en otras palabras: la ideología que destrozó el mundo, no solo Europa, sigue vigente. Por lo tanto: los errores continúan repitiéndose una y otra vez y la crisis se ahonda sin que ninguna institución de las existentes sirva en absoluto para frenar la espiral descendente que nos conduce al desastre.

Los disturbios cíclicos bajo diferentes excusas que sufre Francia (y también Estados Unidos) son un buen ejemplo de este fracaso que alienta latente en las periferias deprimidas donde los neodamois fueron hacinados y marginados durante décadas como simple mano de obra barata y campo de acción demagógica del progresismo y de esa izquierda sin rumbo dividida en dos grandes corrientes: aquella que, manejada por Moscú o Pequín, buscaba la ruina de los Estados occidentales y de su influencia a través del fomento del racismo antieuropeo o antiblanco (del que no se habla porque es contrario a los dogmas dominantes hacerlo) aun dentro de esos mismos países occidentales utilizando para ello la inmigración, y aquella otra, tildada de socialdemócrata, que buscaba sostener el estatus económico de sus votantes burgueses manteniendo a los inmigrantes y pobres en barrios apartados y tratando de mantenerlos alejados de la disidencia y la delincuencia mediante «acción social», esto es: sobornos. Mientras que la derecha simplemente los abandonaba a su suerte confiando por entero en la represión.

Hemos visto ya que ese modelo ha fracasado, que los regímenes liberales que lo promovieron son cascarones vacíos sin valores firmes que proponer e imponer y sin capacidad de seducción y absorción. El parlamentarismo liberal progresista y capitalista instaurado en 1945 en Europa por el dominio colonialista de los Estados Unidos ha dejado de ser útil, ha fracasado. Debemos, por lo tanto, arrumbarlo al vertedero de la historia, olvidar de una vez el siglo XX y comenzar en serio el XXI, que no puede continuar con las mismas premisas, ideologías y oligarquías que el anterior. Necesitamos una revolución verdadera y profunda que no puede ser complaciente con el pasado (ni liberal ni marxista) y es preciso recuperar los grandes valores de la Civilización e imponerlos por los medios precisos, sean estos los que sean. La fuerza y la violencia son un camino desagradable, pero a menudo necesario para la regeneración. No olvidemos que padecemos serios problemas (no solo sociales) y es preciso solucionarlos con rapidez y eficacia.

Por cierto, será bueno que el lector dedique también algunos minutos a constatar que al otro lado del Atlántico, en las Américas del norte y del sur, el mismo modelo ideológico, político y social ha generado similares problemas. No es una casualidad lo que sufre Europa, es una consecuencia global de unas ideologías equivocadas impuestas por los intereses de unas oligarquías perjudiciales y parasitarias.

Necesitamos una revolución antiliberal y antiprogresista, también antimarxista y antimaoísta, que fluya hacia arriba (contra las oligarquías) y hacia abajo (contra el lumpen-proletariado irrecuperable para la civilización). Es difícil, ya lo sé. pero cruzarse de brazos y ser condescendiente con el desastre que se nos aproxima para erigirse en individuos grises, inertes y políticamente correctos no solucionará nada, mimetizarse con las imperantes ideologías e intereses que nos han conducido a este abismo, tampoco.

Revolución o caos, esa es la disyuntiva.

Y os conozco: será el caos. Fracasaremos.

© Fernando Busto de la Vega.

COSAS BUENAS DE LA GUERRA DE UCRANIA

Las máscaras han caído, el rey está desnudo.

Hay que admitirlo: las guerras desatascan la historia. No son buenas, no son deseables, tienen efectos inmediatos absolutamente nocivos, pero quiebran las barreras que estancan hasta la putrefacción el poder y la ideología establecidos y permiten la llegada y establecimiento de nuevas ideas. La guerra de Ucrania, que tantos problemas nos está causando y que tan peligrosa resulta, tiene, por lo tanto, sus cosas buenas. Enumeremos algunas.

El siglo XIX demostró que el capitalismo solo genera miseria, explotación, destrucción social y medioambiental y represión estatal (aunque el régimen sea parlamentario) y los comienzos del siglo XX dejaron claro, no solo a través de la revolución rusa, sino también de la acción de un poderoso sindicalismo de clase, que la asimetría social causada por él resultaba insostenible. Llegó entonces el turno de la socialdemocracia y del keynesiasmo que basaban su filosofía en corregir las reconocidas deficiencias del capitalismo redistribuyendo, vía impuestos y estado del bienestar, parte de la riqueza acaparada por la oligarquía para que esta pudiera seguir en su puesto y beneficiándose del sistema. Socialdemocracia y keynesianismo son una forma de mantener a los ricos siendo ricos, no de preocuparse por los pobres o un intento de verdadera democracia.

A partir de 1976, sin embargo, todo cambió.

A lomos de la Revolución Moral Conservadora impulsada desde la Casa Blanca por Nixon y Ford después de su derrota frente a la libre exhibición de Garganta Profunda y que secundó Jimmy Carter, a la postre un evangelista sureño, los neoliberales radicales de la Escuela de Chicago se lanzaron a la conquista del Estado, de todos los Estados, logrando convertir su ideología en dogma a nivel mundial.

La culminación de ese tsunami neoliberal (y por lo tanto moralmente perverso en su puritanismo, egoísta, sectario, ocultamente teocrático y profundamente racista) fue la crisis de 2008 con la demonización de los europeos meridionales, que fuimos extorsionados, humillados, insultados (recuérdese el apelativo de PIGS) y estafados hasta casi la destrucción. En esa ocasión, en gran medida por la connivencia de gobiernos nacionales que eran simples títeres de la colonización germanico-protestante-neoliberal-globalizadora, el dogma impuesto por la Escuela de Chicago se impuso plenamente y con todas sus consecuencias imperialistas y racistas.

La crisis actual, la de 2022, nos ha permitido contemplar al rey completamente desnudo.

Resulta que ni Alemania, ni Inglaterra ni siquiera los Estados Unidos y los países nórdicos eran tan eficientes ni se encontraban en posesión de una verdad tan incontestable. Resulta que Alemania e Inglaterra se han sumido en el caos por sus propias contradicciones e ineficiencias, resulta que Francia no funciona, resulta que la globalización ha sido un fiasco que nos conduce a la falta de provisiones y a la carestía (léase inflación), resulta que los dogmas sagrados de 2008 son el origen de los actuales problemas y que los soberbios germanos judeo-calvinistas de entonces nos han conducido a una ratonera de difícil salida…

Algo bueno ha tenido la guerra de Ucrania: han caído las caretas, se han evidenciado las mentiras y estafas de nuestros «socios»…pero hay que tener cuidado, ello no significa que estemos en el umbral de un mundo nuevo. Cuando pase la crisis, volverán a intentar imponernos las mismas mentiras, a estafarnos del mismo modo…Estemos en guardia para que eso no suceda y verdaderamente un nuevo mundo, mejor, más viable y más justo se abra ante nosotros.

© Fernando Busto de la Vega.

POR QUÉ DEBE DIMITIR SANNA MARIN

¿Sanna, Sanna, culito de rana?…Es broma.

No seré yo quien tire la primera piedra contra los juerguistas ni contra las mujeres jóvenes y follables a las que les gusta divertirse, beber y salir de noche.

No cometeré tampoco la estupidez de no darme por enterado de que hay señores importantísimos, de grandes responsabilidades políticas, que, privadamente, organizan fiestas mucho menos dignas e inocentes que esa en la que pillaron a la primera ministra finlandesa.

No son razones de índole puritano o hipócrita las que me llevan a afirmar que debe dimitir. Personalmente, aunque participase en dos multitudinarias orgías semanales con sexo y drogas, no la juzgaría duramente por ello.

El problema es otro y de índole mucho más profunda: táctica y filosófica.

Ha demostrado Sanna Marin que no comprende la gravedad del momento histórico que le ha tocado vivir y la vulnerabilidad de un cargo político, ejecutivo y electivo como el suyo. Este es el aspecto táctico del asunto. No está a la altura de las circunstancias y eso puede resultar perjudicial para Finlandia y para todos sus aliados, que ahora somos, entre otros, toda la Unión Europea y toda la OTAN. Nos ha fallado a todos y nos ha demostrado a todos su irresponsabilidad. Debe, sin duda, dimitir.

El aspecto filosófico es todavía más hiriente y preocupante. Como buena socialdemócrata del momento, imbuida de la ideología feminista y de género imperante en el progresismo en estos días, disocia libertad y responsabilidad. Piensa, como prescribe esa ideología dominante (y enseña en los institutos, las universidades y desde las instituciones: solo hay que ver el monterismo que impera en España) que por el mero hecho de ser una mujer joven puede hacer lo que le de la gana sin responsabilizarse de las consecuencias de sus actos. Si existen consecuencias negativas nunca será culpa suya sino de los otros, del heteropatriarcado, de los «fachas», de la mala suerte…de cualquiera, menos de ella. Y esta es una filosofía nefasta y peligrosa. No pueden dejarse los asuntos importantes en manos de incompetentes irresponsables que no aceptan el sacrificio propio de su posición y del trabajo que deben hacer en favor de su patria y defienden a ultranza su condición de entes sin responsabilidad moral, ética, social o política instalándose en un hedonismo peterpanesco propio de una adolescencia inacabada.

Si quieres ser libre, debes aceptar la responsabilidad de tus actos, ser responsable. Si quieres acceder a cargos importantes debes estar dispuesto a aceptar los sacrificios que conllevan. Lo contrario es una clara prueba de estupidez e inmadurez.

Por eso debe dimitir Sanna Marin, por eso mismo debemos eliminar del panorama político, laboral y empresarial a todas las Sanna Marin que padecemos.

© Fernando Busto de la Vega.