Archivo por meses: abril 2022

DOS SAETAS DE SOLEDAD MIRANDA (UNA INTERPRETACIÓN MORAL Y ANTROPOLÓGICA, CURRITO DE LA CRUZ, 1965)

Hay cierta parte del legado patrimonial inmaterial de la cultura española que es ya olvido y vía muerta. Son usos y costumbres perdidos, sutilezas rituales desaparecidas. Por ese motivo nos toca ya ir haciendo trabajo de etnógrafos y antropólogos, poniéndolas por escrito para que no se pierdan del todo y las futuras generaciones puedan entender en su totalidad los entresijos de las obras de esos tiempos que les lleguen.

Es por ello que quiero parar mientes y analizar someramente dos escenas de la película Currito de la Cruz, versión de 1965, que, dadas las fechas, parece apropiado seleccionar precisamente ahora. Me refiero a las dos saetas que en distintos puntos del metraje y de la trama interpreta la actriz Soledad Miranda.

Currito de la Cruz es mucho más que un clásico del cine español. Se basa en la novela de Alejandro Pérez Lugín publicada en Librería Sucesores de Hernando en 1921 y llevada al cine en cuatro ocasiones (1926, 1936, 1949 y 1965). El hecho de que desde la última no se hayan filmado más versiones y de que, con toda probabilidad, muchos de los lectores jóvenes (y digo menores de cincuenta años) seguramente no la conozcan es signo más que evidente del fin de una era que venía a representar a la perfección y que acaso podemos datar entre 1876, al inicio de la Restauración y 1970, ya en pleno tardofranquismo.

En 1965 existía todavía un público, en edad madura y provecta, capaz de apreciarla y disfrutarla como demuestra que la protagonizasen actores en la plenitud de su carrera como Paco Rabal o Arturo Fernández y la dirigiese un director igualmente reconocido y activo en aquel momento: Rafael Gil.

El argumento de la novela y las películas es sencillo: Curro, huérfano criado en un orfanato gestionado por monjas, consigue ser apadrinado por un torero famoso de cuya hija se enamora. Pero esta se fuga con el máximo rival en el ruedo de su padre, que la burla dejándola abandonada y embarazada. El padre reniega de ella y el enamorado Curro, que se ha convertido en una nueva figura del toreo, la cuida y todo acaba en reconciliación.

En la película, El personaje de Soledad Miranda (la voz es de Pilar Montenegro, la Sultana de Jerez), todavía inmersa en el cine español del momento antes de pasarse apenas cuatro años después al internacional de erotismo y terror, canta las dos saetas que motivan esta entrada. La primera, la que abre esta exposición, la segunda, la que coloco a continuación.

Misma saeta, diferente escenario.

El rito, como debe ser, se repite cíclicamente. Todo vuelve a suceder año tras año en el mismo lugar, a la misma hora. Ese es su valor. El tiempo pasa, el misterio permanece. El tiempo pasa, las circunstancias cambian, el misterio permanece y nos va afectando de diferentes maneras. Los años y los azares de la vida nos hacen ahondar en él, comprenderlo mejor. Nos hace mejores y más grandes porque nos enfrentamos a él desde la experiencia, la derrota, los errores cometidos, las enemistades adquiridas…ese es el valor del rito, de cualquier rito y vale también (y quizá sobre todo) para la Semana Santa y su interpelación al dolor y la redención. Yo, que no soy cristiano sino seguidor de los antiguos dioses y el Recto Orden, comprendo, sin embargo, muy bien ese valor (no en vano el cristianismo es una simple apropiación de los ritos paganos y su significado por una secta triunfante que algún día deberá ser de nuevo orillada para la restauración de la verdadera Religión).

Es precisamente en ese cambio de escenario, donde reside la sutileza del ritual y de la película.

En la primera saeta, la joven, todavía libre de culpa, canta públicamente. Es más un acto de exhibición y orgullo que de devoción o reflexión introspectiva. Lo que puede esperarse de una chica joven y bien considerada, nada que deba criticarse, es también parte del rito. Y es parte del rito el orgullo del padre que la escucha desde la procesión, y la mezcla del amor profano que también es lícito y hasta sagrado en primavera…asistimos a un aspecto del misterio.

En la segunda, que se escenifica años después, pero el mismo día de la semana a la misma hora, durante la misma procesión del Gran Poder que se repite, todo ha cambiado. La chica, ya una mujer, se ha convertido, a los ojos de todos, en una pecadora. Es la hora de la penitencia, no de lucirse. Canta ahora oculta tras las cortinas del balcón, sin dejarse ver, del mismo modo que los nazarenos se cubren las caras y los cuerpos para no ser reconocidos. Es un acto de penitencia y redención que conducirá a la reconciliación, al perdón humano, no divino.

La enseñanza, que la tiene, es hermosa: si los ritos y los mitos nos sirven para expresar el arrepentimiento y conducirnos a la reconciliación y el perdón humano, aceptémoslos y vivámoslos lo más a fondo posible, independientemente de nuestras creencias. Una religión, cualquier religión, es solo una opinión, lo importante es su efecto, si resulta beneficioso.

Del perdón de los dioses no debemos preocuparnos. Su manifestación, sea cual sea nuestro dogma, se hace presente en el reconocimiento de nuestros errores y el perdón que nos dan y que damos a nuestros semejantes.

Aunque también es posible que todo lo escrito se deba a la sobredosis de torrijas, buñuelos, leche frita, incienso y tambores (soy zaragozano y la Semana Santa de Zaragoza se basa en el tambor) Un ejemplo…

Así que no me hagáis mucho caso.

©Fernando Busto de la Vega

LA ULTRANECESARIA TERCERA REPÚBLICA DEL RIF

LA BANDERA DE NUESTROS ENEMIGOS

Estamos viviendo momentos aciagos en la política exterior española, especialmente en lo que a Marruecos y el Sáhara respecta. No podemos, a fuer de patriotas, permanecer callados. Es preciso alzar la voz. Ya hemos explicado en estas mismas páginas, y en más de una ocasión, que avanzamos con botas de siete leguas hacia la condición de estado fallido. No falta mucho para que eso suceda. Hay que rectificar (y el primer paso será derrocar el régimen de 1978 y establecer uno que verdaderamente permita la regeneración nacional).

En momentos como este parece preciso recordar algunas verdades que la propaganda del régimen suele ocultar. La primera y más trascendental: LOS ESTADOS UNIDOS NO SON ALIADOS, SINO ENEMIGOS DE ESPAÑA A LOS QUE ESTAMOS SOMETIDOS.

¿Habrá que recordar que, a pesar de todo lo que España hizo por la independencia de los Estados Unidos estos, a comienzos del siglo XIX, establecieron una embajada en Tánger cuyo principal fin fue coordinar la piratería norteamericana con la berberisca contra España? Es cierto que los estadounidenses acabaron bombardeando Trípoli en 1804, pero solo porque los tripolitanos no dejaron de atacar buques estadounidenses, si bien estos, a la altura de 1808, incluso asaltaban puertos como el de Málaga a guisa de corsarios. Durante todo el siglo XIX los Estados Unidos alentaron la piratería contra España y acabaron arrebatándonos Cuba, Puerto Rico, Guam y las Filipinas en 1898.

Más adelante, durante el largo contencioso con Marruecos por el Sáhara y otras provincias españolas (1956-1975), los Estados Unidos siempre estuvieron de parte de nuestro enemigo (luego son enemigos nuestros) informando a los marroquíes de los movimientos de tropas y aviones españoles. Es cierto que hubo un breve periodo, entre la guerra de Ifni(1957-1958) y la de las Arenas (1963), en que los Estados Unidos nos ayudaron a modernizar nuestro ejército, pero ello se debió a que Marruecos los había expulsado de las bases que les habían cedido los franceses en su territorio y a que sus empresas petrolíferas estaban prospectando la provincia española pensando que podrían explotar su petróleo. Defraudada la expectativa petrolífera y readmitidos en Marruecos, volvió la enemistad de los Estados Unidos hacia España y sus provincias africanas y, a ese respecto, no estará de más recordar que la idea de la Marcha Verde fue de Henry Kissinger y tuvo entre sus motivaciones impedir que España dispusiera de un territorio donde experimentar sus bombas atómicas, ingenios que nos hubieran convertido en una nación independiente y no sometida al imperialismo yanqui, como ahora estamos.

Finalmente, es preciso tener en cuenta que, cuando nos obligaron a ingresar en la OTAN, signo máximo de sometimiento a dicho imperialismo, se negaron, continuando su política favorable a Marruecos y contraria a España, a que dicha organización defendiera Ceuta, Melilla y el resto de plazas y presidios de soberanía. En otras palabras: frente a las ambiciones de Marruecos, estamos solos, los Estados Unidos favorecen, una vez más, a nuestro enemigo (luego ,insisto, debemos considerarlos enemigos).

El absurdo volantazo de Pedro Sánchez con respecto al Sáhara en estos días aciagos solo puede concebirse como un concesión a la presión de los Estados Unidos bajo palabra de su Gobierno de mantener el statu quo…pero EN UCRANIA HEMOS VISTO EL VALOR DE LA PALABRA DE LOS ESTADOS UNIDOS, CONFIAR EN ELLA ES ESTÚPIDO Y SUICIDA.

De modo que queda claro que debemos empezar a diseñar nuestra propia política de defensa (y salir de la OTAN, salvo que la OTAN se comprometa a defender la integridad del territorio español y nos otorgue la dirección de las operaciones y el control sobre el estrecho de Gibraltar y las Canarias, de lo contrario la OTAN es una estafa más que una solución), una política de defensa que no solo pasa por el incremento del gasto en armamento y en personal militar, también por la formación patriótica y moral en escuelas e institutos, lo que implica, como ya he dicho en otro lugar, la expulsión de los mismos de esa caterva de «educadoras» (son mayoritariamente mujeres, aunque no faltan hombres afectados por el mismo mal) portadoras de valores «progres» y «cuquis» que solo pueden considerarse nocivos para el pueblo (la Patria, al carajo con chorradas como la matria) y pura y simple corrupción de menores. Hay que recuperar la educación para salvar a España, y es preciso que los culpables de corromper a generaciones de jóvenes sean castigados con la máxima dureza. Nada de perder el puesto y ya está: deberán responder por sus daños a la juventud, al pueblo y a la patria. Esto es indispensable para el resurgir de España.

Finalmente, España, en cuanto le sea posible, debe trabajar activamente tanto por la independencia del Sáhara (aunque debe asegurarse de que el traidor Brahim Gali, recordemos: antiguo policía territorial español que se sublevó, al servicio de Gadafi contra nosotros y que, a través del Frente Polisario ha establecido una dictadura sobre el pueblo saharaui que en modo alguno podemos avalar ni tolerar, un Sáhara independiente bajo el Polisario sería un enemigo mayor contra España que el propio Marruecos) como por la implementación de una República del Rif absolutamente necesaria para la tranquilidad de España como nación.

Hagamos algo de memoria.

BANDERA DE LA REPÚBLICA DEL RIF

En 1921, utilizando como agente sobre el terreno al traidor Abd el Krim, los alemanes, ingleses y estadounidenses la organizaron precisamente contra España, que sufrió el Desastre de Annual, pero dio la lección del Desembarco de Alhucemas (que copiarían después los gringos para los suyos en la II Guerra Mundial) logrando restablecer la paz en 1926.

En 1956, tras la independencia de Marruecos, los rifeños se sublevaron contra el sultán organizando una II República del Rif que el entonces príncipe Muley Hasán (Hasán II) y el general y criminal de guerra (tanto en España a las órdenes de Franco como en el Rif bajo las de los Alauitas) general Ben Mizzián aplastaron con salvajismo (recurriendo entre otras cosas, además de la tortura y el terrorismo de Estado, a bombardear con napalm a la población civil).

España, para la seguridad de su territorio nacional (Ceuta y Melilla son parte irrenunciable del mismo) debe proceder a la implementación de una III República del Rif, así como al favorecimiento de una República Independiente del Sáhara (libre del Frente Polisario) para asegurar la protección de las Canarias. Ahora no podemos hacerlo porque seguimos bajo la bota de los Estados Unidos, sumidos en un régimen vasallo que nos conduce a la destrucción y minados en nuestro interior por ideologías disolventes y cancerígenas que deberán ser erradicadas cuando se restaure un régimen libre, regenerador y verdaderamente español. Ahora no podemos seguir ese camino, repito, pero es el que nos salvará.

No confundamos a nuestros amos con nuestros amigos y el llamado progresismo con el avance y la civilización. En España, el liberalismo y sus afines, son el mal, la ideología de nuestros enemigos y de las élites corruptas a ellos sometidas desde 1833

© Fernando Busto de la Vega.

LA MÁS INQUIETANTE PELÍCULA DE TERROR DEL CINE ESPAÑOL (MARCELINO PAN Y VINO,1954)

Domingo de Ramos, llego a casa para comer algo entre las procesiones de la mañana y las de la tarde, enciendo la televisión y zapeo para encontrar algo con que entretener la pitanza. En no se qué cadena frailuna están emitiendo, como no, Marcelino Pan y Vino, a mi juicio la más inquietante película de cine de terror español de la historia.

El hecho de que el autor inicial del relato y coguionista de la película, José María Sánchez Silva, fuera un destacado periodista falangista, que la historia se desarrollara en un convento franciscano y el interlocutor del niño se encarnase en un Cristo relegado (vaya usted a saber por qué) en un desván, pareció confundir a la censura y al público. Pero si nos fijamos bien, la película es de absoluto terror.

Un niño huérfano recogido por unos frailes encuentra una entidad fantasmal en un desván apartado y entabla amistad con ella. Esta entidad, que, como hemos dicho, se manifiesta en un crucifijo diciendo ser Jesucristo en persona, va manipulando y confundiendo al niño hasta que logra matarlo.

El enfoque del narrador y del director es cándido y amparado en la intensidad religiosa y clerical que el régimen de la época imponía a las expresiones sociales y artísticas, pero se trata a todas luces una perspectiva equivocada que edulcora ingenuamente la más siniestra historia de terror gótico y psicológico que se ha llevado al cine en España. Si no me creen, vuelvan a ver la película con menos inocencia y ya me dirán…

Para terminar, confesaré (aunque será pésimo para mi reputación) que si las pacatas leyes de origen protestante que dominan las mal llamadas democracias occidentales y la economía me lo permitieran, haría una versión de la película ambientada en un convento de monjas desenfrenadas (me viene a la cabeza, como modelo, Interior de un Convento de Walerian Borowczyk), protagonizada por una adolescente (¿y por qué pienso en Valerie y su Semana de las Maravillas?) y con la imagen de una Virgen sandunguera en lugar de un Cristo, con mucho terror gótico, sentido del humor negro y altas dosis de erotismo al gusto de los setenta del siglo XX. Después de todo, va siendo hora de empezar a quebrar la feroz y kafkiana censura impuesta en los inmorales regímenes liberales por la Revolución Conservadora que se inició en Francia en 1976 y se extendió por el mundo desde Estados Unidos a partir de 1977.

Soy así, no tengo remedio.

© Fernando Busto de la Vega

PEQUEÑO APUNTE SOBRE TRADICIÓN ORAL Y LITERATURA.

Ya lo he superado, seguramente a causa de la edad y la experiencia, pero hubo una época en la que, cada vez que la investigación histórica o literaria me conducía a la constatación documental de lo que hasta entonces eran simples consejas de viejas, historias orales que había escuchado desde la infancia, una electrizante sacudida puramente física recorría mi anatomía.

El asunto puede parecer menor, pero se encuentra en la base de la comprensión de muchas obras literarias. A fin de cuentas, un escritor solo puede innovar realmente aportando su propia experiencia vital. Los moldes, independientemente de los artificios formales, son siempre los mismos y solo se diferencian con los ingredientes exclusivos de cada autor. La literatura, en cierta medida, es como el vino y el queso: un producto básicamente artesano (aunque la industrialización tienda a colonizarlo y pervertirlo) que alcanza su singularidad por los ingredientes y las condiciones ambientales de su elaboración.

No abundaré en la idea expresada en el párrafo anterior porque me conviene ser breve y lo esencial ya está enunciado.

Contaré, sin embargo, que la primera vez que experimenté ese choque de encontrar en un libro bien documentado históricamente, con su bibliografía y su sección de documentos y anexos especializados, las historias que había escuchado oralmente, fue con veintipocos años.

Mi madre, Diamantina, era asturiana. En consecuencia no fueron pocos los veranos que pasé en Asturias, y, obviamente, incontables las historias relacionadas con el maquis que me contaron, sobre todo porque en los años cuarenta mis abuelos habían tenido un restaurante frecuentado por la alta sociedad de Oviedo (se servía marisco y pescado de calidad en un momento de la posguerra que resultaba muy difícil de encontrar) y que funcionaba como enlace y refugio para muchos maquis y su red de apoyo. A veces el gobernador civil y los cabecillas de la Falange asturiana y hasta los jefes de la Guardia Civil estaban cenando allí mientras en el sótano o en la trastienda se escondía uno bajado del monte o que pretendía subir o en la mesa de al lado alguien escuchaba disimuladamente.

Mi abuelo, taxista en Buenos Aires y Montevideo y minero en las Cuencas asturianas, era un militante de UGT que había participado en la revolución de 1934 y en la guerra civil, ello le convertía en carne de paredón y, de salvarse, de eterno represaliado. Por suerte para él (y su posteridad, entre la que me cuento), estaba casado, como el propio Marx, con la hija de un noble, un marqués, y, del mismo modo que él salvo la vida de algunos familiares de mi abuela (es lo que tienen las guerras civiles y las revoluciones sociales: puedes odiar al enemigo de clase, pero acabas, salvo que seas un hijo de la gran puta, ayudando a tus amigos, vecinos y familiares del otro bando), en 1939 le salvaron la suya y le ayudaron a montar aquel restaurante.

Puede el lector considerar la cantidad de historias de maquis que yo escuché en mi infancia y el choque casi eléctrico cuando encontré muchas de ellas corroboradas documentalmente, y hasta con fotografías de los protagonistas, en un sesudo libro de investigación histórica.

Por cierto, el restaurante de marras, del que hablaré con más detenimiento en otro lugar (y puede que sirva de base para alguna futura novela) y que, entre otras cosas, permite rectificar y contextualizar adecuadamente cierto poema de Miguel Hernández y libros más o menos fantasiosos escritos sobre su protagonista, que en mi familia fue siempre conocida con desdén como «La Manquele», cerró a causa de un hecho que también quiero consignar aquí como tradición oral para dar ocasión a historiadores futuros a verificarla si así lo desean y si encuentran la documentación adecuada.

Había uno de los policías de la Brigada Político Social, la encargada de perseguir, detener y torturar a los disidentes políticos del franquismo, que sufrió un drama personal. Su mujer le engañó con otro, o así lo creyó él, quedando embarazada. El tipo (mejor: tipejo) cuando el niño nació, y en evidente estado de ebriedad (y quién sabe si estupefaciente), le introdujo los dedos por la fontanela y le reventó la cabeza. No le sucedió nada. Todo el mundo miró para otro lado y bastó con declarar muerto al neonato por causas naturales para dar carpetazo al asunto.

Sin embargo, lo sucedido era del dominio público y cuando el prominente cornudo-torturador se presentó en el restaurante de mi abuelo, este le impidió la entrada diciéndole, literalmente, que en su casa no entraban asesinos hijos de puta. El tipejo se puso chulo, mi abuelo, Gregorio, se mantuvo firme y, finalmente, el policía sacó su pistola reglamentaria poniéndosela en la cara. Pero mi abuelo estaba prevenido y, armado desde su época de revolucionario, le apuntaba a su vez con su propia pistola (que yo mismo tuve en las manos décadas más tarde, como apreciada reliquia familiar) a la entrepierna. La cosa quedó en tablas…o, para mejor decir: ganó mi abuelo, ya que el policía fue retirado del local por algunos compañeros suyos más sensatos.

En cualquier caso, menos de una semana después, el restaurante estaba cerrado con excusas burocráticas.

Por aquella época mi madre no había cumplido los veinte años y otro policía de alto rango, un tal Cuervo, tuvo la desvergüenza de ofrecerse a anular el cierre a cambio de ciertos favores…y eso acabó de estropearlo todo. La respuesta de mi madre, siempre digna, no se redujo al bofetón, de hecho lo descalabró de un par de botellazos en la cabeza y no hubo ya vuelta atrás. Ahí acabó el negocio de hostelería de la familia.

Llegados a este punto, seguramente el lector seguirá intrigado por la fotografía que ilustra este artículo. Diré que también tiene que ver con la tradición oral y con mi madre.

Hubo una época en la que, aunque parezca mentira viendo el melón pelado que ahora corona grotescamente mi amplia estructura, yo tenía pelo (negro y ondulado) y lo llevaba largo. Precisamente por sus ondulaciones y su cantidad, a veces adoptaba inconcebibles y algo cómicos volúmenes y mi madre, mandándome (casi siempre sin éxito) a peinarme, me repetía «pareces Kammamuri».

Durante décadas nunca supe quién podía ser el tal Kammamuri, ella lo ignoraba también por completo, se limitaba a usar una frase hecha que ya utilizaba mi abuela.

Resultó, hechas las indagaciones pertinentes, que Kammamuri fue un faquir (aunque él prefería referirse a sí mismo como derviche) originario de la India portuguesa que ganó enorme fama circense en España durante los años veinte y treinta del siglo XX. Solía enterrarse durante semanas enteras para reaparecer después sano, salvo y sonriente (que yo sepa ejecutó este truco en Madrid y en Zaragoza allá por 1933), se hizo crucificar en el Circo Price y protagonizó otros muchos espectaculares números similares. Al parecer, mi abuela debió asistir a alguna de sus funciones y se quedó con lo espectacular de su melena a lo afro. Lo demás, tradición oral.

© Fernando Busto de la Vega

INFLACIÓN Y ESTAFAS

En estos días de generalizadas alzas de precios ¿Quién no se ha dedicado a recorrer tiendas y supermercados para encontrar las mejores ofertas? Yo no he sido una excepción y me he percatado de algunos hechos interesantes sobre los que conviene meditar y extraer consecuencias políticas.

En supermercados prácticamente contiguos, el mismo, exactamente el mismo producto, puede llegar a costar hasta tres veces más en uno que en otro ¿Qué nos dice eso?

Resulta evidente: con la excusa de la inflación hay quien aprovecha para estafar a sus clientes aprovechándose de ellos. Debería ser un delito, pero no lo es. Además de un delito de estafa debería considerarse, pero tampoco se hace, un acto de sabotaje, de traición al pueblo y a la nación porque dichas prácticas solo contribuyen a disparar aún más la inflación y perjudicar colectivamente a ciudadanos e instituciones.

¿Qué nos enseña este estado de cosas? Algo muy sencillo que ya sabíamos: el régimen liberal, diseñado para premiar la avaricia de los especuladores (no en vano procede de la ideología provinciana, racista, ruin y codiciosa de los burgueses centroeuropeos que se despeñaron por el abismo moral del protestantismo que justificaba entre otras cosas la rebelión contra las autoridades legales y el uso de la piratería, recomiendo en este punto vivamente leer La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, de Max Weber) y no los derechos del pueblo en su conjunto y de la nación que constituye.

El régimen liberal defiende los intereses de los estafadores y especuladores, de los oligarcas (que no solo existen en Rusia, Estados Unidos y Europa están plagadas de ellos), no los del pueblo. Ergo, es preciso cambiarlo a la mayor brevedad. Necesitamos un régimen pensado para el pueblo y la nación, no para los especuladores y explotadores.

Sugiero al lector, antes de terminar, que se de un paseo por el artículo Tres Crisis Financieras de los Estados Unidos Que Conviene Recordar de este mismo blog. Comprobará en él cómo cada crisis del sistema liberal-capitalista conduce al empobrecimiento y pérdida de derechos del pueblo (del trabajador/consumidor) y un enriquecimiento y empoderamiento de la oligarquía.

¿Vamos a seguir soportándolo? Es tiempo de cambio.

© Fernando Busto de la Vega