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HOY, ALGO DE ESPIRITUALIDAD

Algún día escribiré un sesudo libro lleno de vacua erudición sobre la influencia de la espiritualidad contemplativa franciscana en San Juan de la Cruz, poniendo en su debida perspectiva la tan cacareada influencia sufí (que no niego) y aludiendo a un poco conocido manual de contemplación (para los modernos que se dejan seducir por lo oriental: de meditación) inglés del siglo XIV : La Nube del No Saber, que algunos atribuyen, sin demasiado fundamento, a un cartujo, pero que participa intensa y profundamente de la tradición mística franciscana.

Tradición, por cierto, que no recomiendo como camino de iluminación. Francisco de Asís, dueño de muchas virtudes espirituales, no dejaba de ser un desequilibrado y una creación de la curia vaticana para colonizar las ciudades que en ese momento escapaban de la influencia eclesiástica, y, por lo tanto, añadió una significativa carga ideológica y propagandística a todo el asunto de la formación de su orden que afectó también a la tradición contemplativa de la misma.

Esa insistencia, ideológicamente muy cristiana, pero espiritualmente perjudicial, en comparar la práctica contemplativa (o meditación) con la pasión de Cristo o el martirio de algunos santos, además de contraproducente, sádica y retorcida es por completo innecesaria. Llegar a la iluminación, al satori, si deseamos utilizar esa palabra japonesa tan vinculada el zen, es cuestión de disciplina y de constancia, pero no requiere necesariamente un periodo de sufrimiento intenso ni de identificación con el sufrimiento mistérico de ninguna mitología concreta, ni siquiera la cristiana.

A mi juicio, toda la tradición de contemplación franciscana que podemos ver en San Juan de la Cruz, por ejemplo en el poema Tras Un Amoroso Lance, cuya lectura recomiendo, pero que ofreceré al lector en la versión musical que Estrella Morente hizo en colaboración con Michael Nyman, conduce a una desesperación y dolor innecesarios para el buscador de la Verdad.

Por supuesto, y hay que decirlo, ese voluminoso y sesudo libro lleno de erudición que me propongo escribir, será por completo inútil. El camino espiritual hacia la iluminación es eso: un camino, una experiencia. Acción y no pomposa erudición.

A este respecto será interesante recordar aquel cuento zen en el que un maestro exitoso, con cientos de discípulos, se ve en la necesidad de dividir su monasterio y, por lo tanto, de erigir un nuevo maestro que comprenda la práctica contemplativa (o meditativa) y decide someter a sus discípulos a un examen. Los reúne a todos en lo que podemos definir como refectorio del monasterio, coloca en el centro de la estancia una escudilla con agua y pide a los monjes que expresen la naturaleza del agua sin utilizar esa palabra.

Naturalmente, los primeros en intentarlo son los eruditos, sentados en las primeras filas de la reunión. Durante horas parlotean y parlotean sin conseguir el propósito propuesto por el maestro. Al cabo, un fámulo, el más humilde de los monjes (y este no es dato baladí: si buscas la grandeza espiritual debes ser humilde y confundirte con los que están más abajo en la escala social, entre los poderosos nunca ha habido ni habrá presencia divina, ya lo dijo Cristo: antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico al Reino de los Cielos), harto de tanta cháchara y deseando acabar porque todavía debía fregar los platos y barrer el monasterio, se levantó, cruzó la habitación desde las últimas filas de los monjes, le dio una patada a la jícara con agua derramando esta y marchándose sin decir nada…él fue el elegido como nuevo maestro, porque era el único que demostró la comprensión última de la espiritualidad (de la cual el zen solo es un camino acaparado indebidamente por los monjes budistas).

No explicaré más. Quien esté preparado para comprender lo que digo lo comprenderá, los que no…bueno…cada cual ocupa su lugar en la escala de comprensión, id ascendiendo y todo llegará.

Comenzaba esta entrada con un poema de San Juan de la Cruz cantado por Rosalía, que homenajeaba la versión de Enrique Morente. Quiero terminarla ofreciendo al lector la versión original de este cantaor y haciendo un pequeño guiño erudito: esa fuente de la que habla el poema y que los cristianos identifican con el Espíritu Santo, entre los seguidores de Zoroastro se identificaba con la diosa Anahita, que los griegos asimilaban a Ariadna, la reina del Laberinto…os dejo el dato, aprovechadlo. No siempre tendréis tan cerca la comprensión.

Por cierto, que basta leer el poema que comienza: «Entréme donde no supe, y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo» para saber que San Juan de la Cruz, a pesar de su equivocada vía franciscana, alcanzó el satori, la iluminación. No dejéis de leer ese poema.

© Fernando Busto de la Vega.

Y, ya sabéis: matad a Buda, matad a Cristo, matad a Mahoma…morid vosotros mismos para resucitar.

QUEVEDO SIGUE PRESENTE

Confieso que siempre tuve a don Francisco de Quevedo como maestro y referencia (sin desmerecer, por supuesto, a Cervantes, Lope y otros grandes hoy tan olvidados o más que estos).

Contaré aquí que el primer tomo de obras completas de un autor que compré, y no en librería sino en el rastro, una mañana de sábado primaveral, acaso con no más de quince años y llevando de la cintura a una de las muchachas que amaba entonces y me amaban, fue precisamente el de poesías de Don Francisco.

Hoy en día sigo teniéndole muy presente y hago mías, por desgracia, casi cuatrocientos años después, sus preocupaciones, que reproduzco aquí recitadas por quienes, sin duda, declaman mejor que yo.

¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

No he de callar…

© Fernando Busto de la Vega.

¿CENSURA EN WORDPRESS?

Comentando un par de curiosidades de las que me he percatado.

Dos títulos recientes de este blog: Putas y Feministas y Las Amantes Centrípetas y los Cornudos Pasivo-Agresivos. Afortunadamente, pueden leerse íntegros en la versión pública del blog, solo faltaría…Pero en la privada, en esa sección de «mensajes» que maneja el autor, resulta que las palabras «putas» y «cornudos» no se pueden ver. Han desaparecido de los títulos que quedan así: Y Feministas y Las Amantes Centrípetas y los Pasivo-Agresivos. No deja de ser curioso que WordPress me aplique la censura a mí, que he escrito ambos títulos y ambos artículos y, evidentemente, sé lo que son las putas y los cornudos y no me asusto de esos vocablos plenamente castellanos y parte del idioma español. Un idioma que, al contrario que el inglés originario de los tipos que pergeñaron WordPress, siempre fue libre, explícito y concreto.

La pregunta que me hago es: ¿si incurren en una censura tan pueril y ridícula dentro de mi propio espacio de trabajo, qué otras iniciativas similares tomarán al margen de mi conocimiento?

Y añado una exhortación: no traten al español como al inglés, son dos universos culturales y mentales completamente diferentes.

Solo algunos ejemplos en abono del uso de ciertas palabras y conceptos en la alta cultura hispana: Gracias y Desgracias del Ojo del Culo, publicado por Don Francisco de Quevedo en 1628 ; Izas, Rabizas y Colipoterras (todos sinónimos de puta), publicado en 1964 por Camilo José Cela que basó el título en un poema del Cancionero de Amberes de 1557 o, del mismo autor: La Insólita y Gloriosa Hazaña del Cipote de Archidona, publicada en 1979 y de la que hasta se hizo una película cuyo inicio ilustra esta entrada. O la novela Coños, publicada en 1995 por el conservador y ultracatólico autor Juan Manuel de Prada.

Un poquito de seriedad y mentalidad adulta, que estamos en España. Y vosotros, desarrolladores, si no lo estáis, creced y españolizaos. El rancio puritanismo anglosajón y protestante es ya el pasado y siempre fue una forma inferior de civilización y cultura. Es triste que los bárbaros del norte dominen el mundo romano, pero todo se andará…paciencia y barajar.

© Fernando Busto de la Vega.

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LAS AMANTES CENTRÍPETAS Y LOS CORNUDOS PASIVO-AGRESIVOS

El adulterio es una gran escuela de vida que proporciona, además, innumerables e interesantes tipos para un variado plantel de personajes y argumentos literarios. No se puede ser un buen escritor sin haberse engolfado frecuentemente en las mucilaginosas y turbias mareas de la infidelidad. Es así.

De todos esos posibles tipos hoy voy a detenerme en los que enuncia el título de la entrada.

Existen muchas formas de catalogar a las amantes que uno va encontrándose por la vida. De lejos, la mejor y menos problemática es la amante tangencial o concomitante, aquella con la que se coincide temporalmente en el pecado y luego, por la misma inercia vital, se aleja y queda en el pasado. La peor, sin duda, es la paralela, que no se alcanza, ni llega siquiera a tocarse, jamás. Luego están las centrífugas, empeñadas en abandonar a su marido arrastrándote con ellas o usándote de excusa (lo que conlleva los numerosos riesgos que todos hemos experimentado en algún momento: persecuciones furiosas del ofendido o de sicarios pagados por él, agresiones diversas, intentos de asesinato…) y, finalmente, las centrípetas, que de algún modo te arrastran hacia el interior de su mundo tóxico y, frecuentemente, surrealista.

Por regla general, el centripetismo amoroso se da más en las (y los, pero estos no me afectan) divorciadas por el mero hecho de que el divorcio no existe, es una simple ilusión. El divorcio consiste en la continuación de un matrimonio disfuncional por otros medios. De hecho, hay que aseverarlo sin cortapisas: el matrimonio, para lo bueno, y sobre todo para lo malo, es un paso sin retorno. Una vez casado (o casada) ya jamás se vuelve a ser soltero (o soltera), ese es un paraíso perdido para siempre.

Con todo, y son al tiempo peligrosas y enojosas, sí existen algunas amantes casadas de características centrípetas que, sin saber muy bien cómo, te arrastran al epicentro de su disfuncionalidad matrimonial y sentimental. Y, por supuesto, como en todo, el fenómeno admite y presenta gradaciones. Están desde aquella, en grado leve, que empieza comprándote ropa y acaba llevándote vestido como a su marido (o a sus hijos, que resulta más humillante), mismas camisas, mismos pantalones… cosa esta algo ridícula y no poco embarazosa si el marido, o los hijos, pertenecen a tu mismo círculo social; hasta aquella que procura adrede ser sorprendida por el cornudo en pleno coito para saltar en cueros de la cama e iniciar una feroz y cruel discusión en la que compara a gritos a su marido, siempre desventajosamente, con el emboscado amante. Tales discusiones son en extremo peligrosas, porque nunca se sabe como acaban y, creedme, el asesinato no es el peor de los finales.

Alguien, un amigo, me contó que en cierta ocasión le sucedió algo así y la esposa, siempre gritando y tratando de humillar a su marido, ponderaba las ventajas del atribulado amante que trataba de huir del lugar a toda prisa y lo más disimuladamente posible. En un momento dado la esposa loó el miembro viril del amante, ridiculizando el del marido que, furioso, se asomó a la entrepierna del pobre desgraciado que andaba buscando sus pantalones y calzoncillos y rompió a carcajadas afirmando que el suyo era más grande y, para demostrarlo, se bajó la ropa hasta las rodillas haciendo heroica y desafiantemente el molinete ante su espantado y sonrojado rival que nunca cometió la torpeza de volver a enredarse con una mujer casada. Aquel molinete feroz del marido le causa pesadillas hasta el día de hoy.

Y, claro, el complemento ideal de la amante centrípeta, es el cornudo pasivo-agresivo. En el campo de los divorciados esa categoría suele encarnarse en el cliché del exmarido-colega que incluso pretende jugar al tenis o al golf con su sucesor (desaconsejo vivamente aceptar invitaciones a cazar, pescar o acampar, a veces no se vuelve de dichas actividades, lo que también representa un buen argumento literario).

Pero estamos hablando de amantes y de sus complementarios esposos cornudos pasivo-agresivos.

La teoría, el estudio y la casuística del cornudo pasivo-agresivo es extensa y enjundiosa, daría para un grueso tomo de más de seiscientas páginas, por eso resumiré aquí enumerando tres ejemplos reales que llegaron a mi conocimiento mediante confidencias de amigos.

Sin duda, el más patético de todos los cornudos pasivo-agresivos de los que he tenido noticia fue aquel que, al saber que su mujer le engañaba con otro, se enfrentó a él y acabó llorando y abrazándolo casi fraternalmente. Era impotente y comprendía que su mujer buscase alternativas para llenar el hueco que él dejaba vacante. El amante se sintió tan mal que acabó rompiendo con la esposa y esta se enfureció de tal modo que los envió a ambos al hospital en sendas discusiones. Al amante de un golpe de tostadora arrojada con maña ala cabeza, al marido de un salvaje tirón testicular a puño cerrado.

Otro invitó a su mejor amigo a ver no sé qué final futbolística en la televisión y se dejó absorber de tal modo por el partido que no se percato de que su invitado no acababa de regresar después de ir al baño. En ese instante el equipo del marido marcó un gol y él, enfervorecido, dio en correr por la casa gritando a todo pulmón:—¡¡¡¡Gol!!!…

…Y, sin dejar el grito, irrumpió en la cocina, donde se encontró a su mujer reclinada sobre la encimera y a su amigo, los pantalones en los tobillos, profanándola por la retaguardia.

Hubo un instante, ni siquiera dos segundos, de pasmado silencio y abismal incertidumbre que se resolvió con el marido reanudando su grito:—¡¡¡Gol!!! mientras se alejaba de la cocina sin darle la más mínima importancia al hecho. Es más: jamás habló de ello. Pero en lo sucesivo, siempre que invitaba a comer o cenar a su amigo, le servía invariablemente brócoli e hígado acompañado de vino malo y caliente. Horrible venganza. Además, y con la aquiescencia de la esposa, que se quedaba ostensiblemente repantingada en el sofá: le enviaba a fregar los platos…solo. También, en los tres meses siguientes, le ardió misteriosamente el coche, le pusieron pegamento en las cerraduras de su domicilio y su negocio y dos negros musculosísimos le atracaron dándole una paliza sin robarle un solo euro, pero no vamos a ser mal pensados.

Finalmente, quiero recordar a aquel que, tan pagado de sí mismo y de su propia posición y perspicacia, telefoneó a su amigo para decirle que sabía que había intentado acostarse con su mujer.

—Yo no me chupo el dedo—dijo—, soy un tipo que se las sabe todas. Cuando tú vas, yo vuelvo…

Y, magnánimamente, perdonó la debilidad de su amigo al que, dijo, habría matado si su «locura» hubiera llegado a materializarse, por fortuna su esposa era fiel, juiciosa y de fiar…

La esposa también se rio, sobre todo en presencia de su marido, de los delirios amatorios del amigo. Pero ella y él sabían que el marido sí se chupaba el dedo. Otra cosa es que la esposa, después de ir demasiado lejos hubiera recogido cable a toda prisa haciéndose la buena y la santa. El marido la tenía por una pánfila a la que manipulaba y dominaba a su placer y ella, de vez en cuando, se aprovechaba vilmente de ese engreimiento.

No diré más.

© Fernando Busto de la Vega

FERIA DEL LIBRO

Gregorio Marañón, uno de los más insulsos y pestíferos «intelectuales» españoles firmando libros en la Feria del Libro de Madrid, allá por el franquismo.

Cuando hablamos de Feria del Libro estamos refiriéndonos, quizá sin darnos cuenta, a un intento de monopolio del hecho literario por una determinada élite que pretende controlar no solo el mercado sino también los límites ideológicos y estéticos del concepto «alta cultura». Esto siempre fue así.

La diferencia con el pasado es que lo que ahora llamamos «intento de monopolizar» entonces era un monopolio completo en manos de ciertas oligarquías con determinada ideología. Existían editoriales que se reclamaban vanguardistas y de izquierdas, otras clásicas y de derechas y apenas podía el autor esquivar su dominio del mercado.

La tecnología ha aportado resquicios por los que el autor puede expresarse con mayor independencia y libertad apartándose de un mercado monopolístico más monopolizado que nunca por la preponderancia de los gigantes del sector que se ocultan tras la diversidad de sellos que han absorbido y junto a los cuales existen una serie de satélites «independientes» que tratan de abrirse paso y ser reconocidos como representantes de la «alta cultura» mimetizándose con los grandes. Por supuesto, los medios de comunicación de masas apoyan este intento de monopolio tanto por cuestiones de afinidades accionariales como por su condición de cadenas de transmisión del poder oligárquico que se oculta tras la ortodoxia cultural y el ansia de monopolizar el mercado. Es un síntoma más de la estructura piramidal, autoritaria y exclusivista de la sociedad en la que vivimos.

Pero el monopolio está amenazado…y eso traerá consecuencias. Vivimos tiempos de cambio y el cambio es siempre revolucionario, aunque la revolución a menudo se mezcle en la avalancha renovadora con el lodo. Mojémonos, ensuciémonos…el tiempo decantará el detritus y hará flotar el metal valioso.

© Fernando Busto de la Vega.