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LA FELACIÓN COMO SUBVERSIÓN MAINSTREAM

Hubo una época a mediados de los años setenta del siglo XX en el que se intentó, entre otras cosas, integrar la pornografía de manera natural en el cine que podemos definir usando un feo anglicismo como mainstream. El intento acabó cuando las feministas y la Iglesia Católica pusieron el grito en el cielo, especialmente contra la película L´ Essayeuse, en Francia y zanjaron el asunto, como es habitual en ambas sectas, con la imposición de la censura, en este caso a través de la imposición de la categoría X para determinadas películas. Corría el año 1976. En 1977 la Revolución Conservadora tomó impulso, también encabezada por las feministas, en los Estados Unidos y en los ochenta acabó imponiéndose en todo el mundo. Llegaron entonces décadas de puritanismo y censura en las que el mayor rupturismo artístico se concretaba en los desnudos, especialmente de figurantes, en el teatro (incluyendo funciones operísticas), aunque no tanto en el cine.

Los efectos de esa Revolución Conservadora, que en lo económico se identifica con el neoliberalismo más salvaje, no han desaparecido, pero hay ligeras evoluciones en el mainstream impulsadas, entre otras razones, por las plataformas televisivas de cobro que, para captar clientes, han vulnerado las normas impuestas en abierto llenando algunas de sus producciones de desnudos y sexo.

Entre esas evoluciones «rompedoras», una que se está convirtiendo en tendencia sin que nos demos cuenta cabal, y que resulta interesante estudiar en su ámbito artístico, pero, sobre todo, antropológico, es la de las felaciones reales en pantalla o escena.

Así, a bote pronto, y sin pretender elaborar una lista documentada y exhaustiva de mamadas reales en películas no consideradas como pornográficas, y contando con el escándalo en Cannes en 2003 de la felación de Chloé Sevingy en The Brown Bunny que casi le cuesta la carrera, me vienen a la cabeza: la de Victoria Carmen Sonne en Melon Rainbow (2015), la de Aomi Muyock, en Love (2015), Deborah Revy y Helene Zimmer en Q (2013), Sarah McKeow en The Band (2009), Isidora Simijonovich en Klip (2012), Margot Stilley en 9 Songs (2004), Anapola Mushkadiz en Batalla en el Cielo (2005), Caroline Ducey en Diet of Sex (2014) …y antes del escándalo de Chloe Sevigny, pero a finales del XX y principios del XXI: Baise Moi (2000), Elisabetta Cavalotti en Guardami (1999), La Donna Luppo (1999), The Pornographe (2001), Romance (1999)…

Me chivan que ahora, en el teatro, Estafanía de los Santos practica una leve en la obra Lectura Fácil, que no he visto. Son solo ejemplos de una tendencia interesante.

Una tendencia que se da también en la vida cotidiana. Hoy en día es mucho más sencillo, en determinados grupos de edad, obtener una felación que cualquier otra práctica sexual, incluyendo las manuelas de toda la vida.

¿No resulta esto un interesante punto de estudio en la evolución de las costumbres?

Obviamente, por cuestiones de espacio no es este el lugar adecuado para desarrollar sesudamente estudios sociológicos, culturales, antropológicos, ideológicos y artísticos, ni creo que yo vaya a ocuparme nunca en serio de un asunto como este, pero se me ocurre una premisa sobre la que cimentar el inicio de una posible investigación al respecto: la campaña exculpatoria de Clinton en relación con el Caso Lewinski asegurando que el sexo oral no era una práctica sexual en realidad, y, claro está, el propio impacto mediático de dicho caso. Y la consecuencia a tener en cuenta: el modo en que lo que sucede en los Estados Unidos permea el mundo. Ahí lo dejo por si alguien quiere llevar a cabo la investigación adecuada.

© Fernando Busto de la Vega.

CRIPTOMONEDAS (LA RUINA DE FTX Y SU ENSEÑANZA)

La plataforma de criptomonedas FTX ha quebrado de la noche a la mañana. Tal circunstancia amenaza con una devaluación en cadena de otras empresas similares lo cual significará una catástrofe económica para algunos, quizá muchos. Pero supone también una excelente lección para ellos y todos los demás.

Vivimos en el mundo de la especulación. Las cosas que tratan de vendernos no valen nada por sí mismas (ni siquiera la verdad: recordemos las recientes declaraciones de Felipe González asegurando que en lo que él llama democracia y es parlamentarismo neoliberal la verdad es lo que los ciudadanos creen que es verdad, es decir: las verdades oficiales son humo, simple propaganda sin relación con la realidad, un medio especulativo de ejercer el poder en medio de una representación que esconde la verdadera trama dictatorial que se oculta tras las bambalinas) sino por lo que otros están dispuestos a pagar por ellas.

La base práctica de la moneda, desde que se inventó, es el hecho de que una autoridad competente responde con sus fondos del valor intrínseco del símbolo que intercambiamos (la moneda en cualquiera de sus formas). Nos guste o no, para que el dinero funcione y tenga sentido debe estar respaldado por un tesoro tangible, por una autoridad solvente.

Las criptomonedas solo dependen de su cotización, de lo que la masa esté dispuesta a pagar por ellas. Es decir: no valen nada, aunque puntualmente puedan tener una cotización altísima. Crean supuesto valor de la nada, son un síntoma más de la vacua especulación neoliberal y globalista que, como la estafa tecnológica y otras tantas semejantes, nos conducen a la catástrofe económica.

Lo diré de otro modo: si produces un kilo de naranjas, podrás comer un kilo de naranjas. Si juegas a futuro conseguirás el dinero de muchos avaros ansiosos de enriquecerse con la especulación, pero es muy posible (la realidad es terca e indomable) que acabes sin tener naranjas sobre las que sustentarlo. Podría desarrollar ad infinitum este argumento, pero a buen entendedor…

© Fernando Busto de la Vega.

MASSACHUSSET, UNA LESBIANA

Leo sin ningún interés el entusiasmo con el que algunos, algunas y algunes acogen la noticia de que, en las elecciones estadounidenses de turno, el estado de Massachusset ha escogido como gobernadora a una lesbiana, una tal Maura Healey.

Hubo un tiempo en el que un gobernante podía follar con cabras, ser pederasta, sadomasoquista o pelársela compulsivamente sin que eso le importase a nadie siempre y cuando no fuese excesivamente público; las miserias, y el sexo lo es, siempre restan legitimidad y liderazgo. Un gobernante, y esto se sabía entonces tanto como se ignora ahora, tiene una sola misión: gobernar, y hacerlo bien. Ser útil a la nación y al pueblo. Con quien y como folla, no es de relevancia para el éxito de su gestión.

Que el hecho anecdótico de con quien se refocila el que manda se convierta en una categoría política y sea una noticia de referencia demuestra solo una cosa: lo vacía que ha quedado la noción política de Gobierno. Ya no importa la acción sino la inclinación sexual o el color de quien la lleva a cabo porque, en el fondo, el poder ya no reside en las instituciones sino en las grandes corporaciones y aquellas se han convertido en simple espectáculo, en propaganda que encubre la corrupción sistémica, la explotación y la represión. La democracia ha terminado. Pero, ojo: también cualquier otra forma de gobierno al margen del totalitarismo empresarial.

Estamos al final del camino… más cerca, por lo tanto, de iniciar otro mejor. Claro que hay que romper unos cuantos huevos, y apretar otros, si deseamos hacer una tortilla medianamente comestible.

Meditadlo.

NOTA.- He ilustrado esta entrada con una imagen que nos gustará a Maura Healey y a mí y que pondrá nerviosos a los censores de ciertos buscadores que volverán a sustituir (dos mujeres desnudas en portada en el mismo día ¡uf!) la página del blog por la de About…un ejemplo más de la distopía freudiana en la que nos movemos. Como buena sociedad puritana, tenemos el sexo (como idea retorcida y excluyente) en la mente y eso nos impide ocuparnos de las cosas importantes. Es indispensable derribar el evangelismo calvinista anglogermánico ya; si queremos evolucionar, claro.

© Fernando Busto de la Vega.

ELON MUSK, TWITTER Y EL CAPITALISMO DE SIEMPRE

Uno de los signos más evidentes de la decadencia en la que nos estamos adentrando y de la absoluta falta de cultura social y política de muchos individuos de nuestras adocenadas sociedades occidentales es la admiración e incluso reverencia, fanática y casi de naturaleza feudal (sin recibir nada a cambio, antes al contrario: ofreciendo sus propios haberes al ídolo), por ciertos destacados empresarios señeros con hechuras de supervillanos o, en el mejor de los casos, de peligrosas amenazas para la democracia y la sociedad en su conjunto.

Explotadores y especuladores que se nos venden como genios revolucionarios que, usando tácticas luciferinas, nos ofrecen imperios que, en la práctica, no son otra cosa que fantasías, cortinas de humo. Desde las redes sociales que sirven básicamente como instrumentos de control social y aperos del totalitarismo en su consunción con los servicios secretos y los intereses políticos, sociales y económicos de las grandes corporaciones hasta las más innecesarias y absurdas innovaciones que nos presentan como escalones hacia un futuro idílico (ya se sabe: es una de las más básicas tácticas del capitalismo, crear necesidades previamente inexistentes y expectativas sobre la vacuidad. En otras palabras: estafas de cuento largo para embaucar a los toliguis menos avispados).

¿Significa lo anterior que rechazo la tecnología y me opongo al progreso? En absoluto. Me opongo a que esa tecnología y ese supuesto progreso esté en manos de una escueta élite oligárquica de ideología explotadora y totalitaria. En ese sentido China es una gravísima amenaza, pero los incensados oligarcas occidentales no dejan de serlo en idéntico grado por mucho que nos los vendan como salvadores y genios.

No soy cristiano, pero aprecio esa idea de que el Demonio vendrá al mundo disfrazado de grandeza y belleza y que su dominio se establecerá por la mentira y la seducción. Ya está sucediendo si otorgamos a las vacuas promesas de la tecnología y a quienes las manejan y nos las ofrecen envueltas y primoroso organdí como esa figura maligna que busca esclavizarnos mediante la fascinación.

Uno de estos oligarcas que nos presentan propagandísticamente como salvadores sin serlo (y que hasta series populares como The Simpsons y The Big Bang Theory nos han embellecido para el consumo de masas) es Elon Musk, al que suele tratársele de genio revolucionario y guía indiscutible hacia el futuro.

Sin embargo, quien pretenda comprender la realidad que le rodea y prever adecuadamente el futuro que le aguarda, se fija en los hechos, no en las palabras ni en las fantasías publicitarias. Y en este momento empresarialmente crucial en el que el oligarca de marras da un zarpazo más hacia el monopolio (y, por lo tanto, la explotación total y totalitaria de la sociedad) los hechos son públicos, comprobables y elocuentes.

Elon Musk adquiere Twitter para completar su imperio extractivo y, ¡oh, sorpresa!, actúa con los más viejos y rancios métodos del capitalismo de siempre: reduciendo salvajemente la plantilla para aligerar costes (y redoblando la carga de trabajo de los empleados que se salven de la quema y que quedarán quietos, callados y explotados a falta de sindicación y con la espada de Damocles del despido pendiendo sobre sus cabezas).

¿Queréis comprender el presente y anticipar el futuro? Es sencillo: Elon Musk se ha quitado la careta al comprar Twitter…es el viejo capitalismo de siempre. La explotación y la tiranía global a la que aspiran las grandes corporaciones. En vuestras manos está cambiar ese futuro distópico al que nos abocan.

Despertad, comprended, cambiad, actuad.

© Fernando Busto de la Vega.

MÁS PAIDEIA, MENOS DOCENCIA

Vivimos en una sociedad decadente que cada vez nos acerca más a una larga época oscura durante la cual la Civilización será aniquilada para siempre por los flujos migratorios y la emergencia de imperios totalitarios cuyos cimientos ideológicos se oponen en todo a dicha Civilización.

Y esto sucede porque hemos perdido el rumbo y ya no sabemos transmitirles los valores adecuados y ser lo debidamente exigentes con las nuevas generaciones (y hemos perdido varias, algunas ya hasta peinan canas) lo cual no cesa de ahondar la decadencia que padecemos y nos destruirá.

Pero hay más.

Vivimos un momento en el que las enfermedades mentales de los adolescentes y jóvenes se han convertido en una plaga (entre otras razones por el impulso perverso de la sociedad liberal-progresista de implementar su totalitarismo ideológico convirtiendo a todos los ciudadanos en pacientes bajo un férreo dogma de «salud mental y social». Uno puede sublevarse contra sus sacerdotes, contra policías, jueces y militares tiránicos, contra reyes, políticos y banqueros… ¿pero contra su médico y su terapeuta?) y no es por casualidad.

Adolescentes y jóvenes han sido abandonados a su suerte y, lo que es peor, a la rapacidad de ideologías que tratan de imponer los desvaríos de minorías desviadas sobre la totalidad de la sociedad utilizando métodos de terrorismo social y mental. Además, un hecho que muchos considerarán beneficioso ha venido a dejar abandonados a los adolescentes y los jóvenes. El fin de la disciplina es también el fin de la atención y de la seguridad. Lógicamente, un adolescente debe sublevarse contra la autoridad y encontrar su propio camino en la vida, pero la autoridad y la disciplina son una referencia constante y amigable. La disciplina confiere al adolescente la atención que necesita; la autoridad, el rumbo. La pérdida de ambos principios conduce a la deriva de adolescentes y jóvenes. Habrá, pues, que recuperarlas.

Pero, sobre todo, hemos de cambiar el paradigma formativo. Acabar con el adocenado y perjudicial concepto de la docencia liberal-progresista y recuperar el de paideia como formación integral de los jóvenes (y ya por desgracia de los adultos) en una estricta conciencia del mundo al que pertenecen y las obligaciones como ciudadanos que esto conlleva. Hay que educar para la grandeza, no para la sumisión ante oligarquías corruptas, explotadoras y enemigas de la Civilización que deben ser derrocadas y aniquiladas a la mayor brevedad.

Necesitamos una rápida y profunda revolución en Occidente, pero no del signo que suele utilizar esta palabra, sino el simple y puro retorno a encarnar lo que somos y el papel que nos ha reservado la Historia: el de autores, difusores, gestores y defensores de la Civilización.

Muchos de vosotros no estáis en condiciones de entender lo que digo…y ese es un buen síntoma de nuestra decadencia.

© Fernando Busto de la Vega.