Berta Vázquez está gorda y miles de gilipollas se lanzan a criticarla mientras miles de imbéciles, llevados de la conmiseración, se lanzan a defenderla. Si se le hubiera ocurrido descubrir una cura contra el cáncer a nadie le importaría y, por lo que parece, sus virtudes artísticas como actriz y cantante, tampoco.
Superficialidad y vacuidad…esas son las premisas de las redes sociales, de las inteligencias artificiales y de los demás avances tecnológicos. La tecnología y el mundo modernos no nos conducen hacia nuestro mejor yo, simplemente nos vacían y nos limitan eliminando de nosotros todo aquello que nos puede hacer útiles, creativos, profundos, inteligentes y sabios.
¿Debemos seguir ese camino en esas condiciones? A lo mejor deberíamos desencantarnos de la tecnología y las modernidades de una vez y comenzar a pensar de nuevo en el ser humano. No se trata de renunciar a la tecnología, sino de arrebatársela a las oligarquías capitalistas y ponerla al servicio de la civilización y la humanidad, en lugar de la explotación y la ignorancia de las masas programadas por las élites
Por lo demás, también Anna Netrebko engordó y sigue cantando ópera. Puede que no volvamos a verla en biquini sobre el escenario ni adoptando poses sexys, pero quizá así desafine menos. Lo uno por lo otro.
Hay una certeza y una pregunta que me persiguen desde hace años y que no logro ni resolver ni quitarme de la cabeza.
La certeza es que, efectivamente, tenemos que cambiar el mundo y hacerlo mejor y más habitable si queremos sobrevivir y prosperar. La pregunta, y resulta muy inquietante en todos los sentidos, es por qué los únicos que se empeñan en hacerlo son los zumbados y los imbéciles con las execrables consecuencias que ello conllevaría.
Diría que el siglo XXI es un campo abonado para que la estulticia prospere y se haga oír. Diría también, y asumo mi dosis de conspiranoia, que no se trata de algo casual, sino de un plan bien estructurado para conducirnos a la servidumbre y, por ende, a una era oscura de dominación e ignorancia. En ese escenario, los inteligentes y sensatos están demasiado ocupados en camuflarse ante el poder, seguir pareciendo modernos y eficientes y sobrevivir pasando los amargos y difíciles tragos sucesivos que la vida nos ofrece con una sonrisa cruel y engañoso rostro de mater psicopática en trance de representar confianza y amor.
A veces me gustaría ser cristiano y milenarista para proclamar a gritos que el Anticristo ha llegado ya y nos domina. Eso, al menos, daría algo de color a este ocaso gris y aburrido en el que se esta convirtiendo el fin del mundo. El mundo se acaba y vamos a morirnos de asco y aburrimiento. El profeta de Patmos nos engañó, no habrá espectáculo en nuestra agonía. ¡Qué triste!
Cuando un joven o un incauto poco informado se encuentra con una ONG que habla de inclusión, de igualitarismo y de luchar contra conceptos demonizados por el liberalismo anglosajón que sufrimos, como el fascismo o el racismo es lógico que se dejen engañar y manipular.
Pero es preciso ver más allá, levantar las faldas y arrancar los vestidos de las seductoras odaliscas para encontrarse con la realidad pútrida de sus cuerpos, propios de endriagos cuando se las priva de las sedas que las cubren. Eso mismo sucede con Movimiento Contra la Intolerancia, que se reviste de brillante demagogia «igualitaria» y «antifascista» para seguir desarrollando una labor maoísta que solo beneficia al imperialismo chino.
Si se investiga someramente a su fundador, Estaban Ibarra, se encontrará fácilmente que fue miembro del grupo terrorista FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), lo que no se encuentra tan fácilmente es el hecho de que este grupo terrorista era una facción maoísta escindida en los años sesenta del PCE (Partido Comunista de España) con financiación, dirección e ideología propia de Pequín, que en esa época buscaba auparse a la dirección del comunismo internacional en detrimento de Moscú para conseguir que su imperialismo suplantase al ruso en el dominio mundial.
La baza fundamental de la propaganda del maoísmo era, y sigue siendo, la difusión de un profundo racismo anti-blanco. Los rusos eran comunistas, pero eran blancos, y eso, a ojos de Mao, que era, además de un incompetente, un genocida, un violador y un racista, les desautorizaba para dirigir el comunismo. Para el maoísmo, la lucha de clases era, también y sobre todo, una lucha de razas. Una lucha de las razas menos civilizadas contra los blancos, y en especial, España, cuya presencia en Asia los chinos, por mucho que lo intentaron entre los siglos XVI y XIX, no pudieron eliminar (al cabo fueron los Estados Unidos quienes conquistaron Filipinas).
El maoísmo ha cursado siempre como una ideología del odio anti-blanco que se azuza en las diferentes razas demonizando a los europeos, creadores y gestores de la civilización, y tiene como último objetivo la destrucción y sometimiento de la raza blanca.
Quien observe atentamente la ideología y las acciones que difunde y ejecuta el Movimiento Contra la Intolerancia, por cierto, siempre con subvenciones públicas (ni siquiera precisa ser sostenido por el dinero chino porque el liberalismo hispano, imitador del anglosajón, le financia para mantener sus hipócritas estructuras de dominación impuestas desde el imperialismo yanqui-sionista), comprenderá rápidamente que sigue siendo una fuente de actividad maoísta, esto es: de odio anti-blanco y actividades anti-españolas (pues, entre otras cosas, con su retórica dificulta y hasta llega a impedir la integración de los hijos de inmigrantes en el contexto social español amenazando con llevar adelante un proceso de guetos e islas «culturales» al modo de las que están destruyendo Francia o Bélgica, país, por cierto, donde brujuleó el partido comunista impulsado por Pequín más fuerte de toda Europa y que ahora está pagando esas políticas envenenadas envueltas en buena voluntad y liberalismo y manejadas con intereses ocultos por belgas al servicio de China).
Hay que ser muy conscientes de todo esto. De momento no podemos actuar. Pero es preciso empezar a organizarse y, cuando llegue el momento, pasar factura a los traidores.
Resulta complicado experimentar algún tipo de simpatía por Salvador Dalí. Sin embargo, no es factible descartar de raíz ni su expresión artística ni el andamio teórico que la sustenta. Desgraciadamente, las necesariamente escuetas entradas de un blog como este no son el ámbito preciso para abordar largas y sesudas disertaciones sobre la filosofía del arte y la naturaleza de la posteridad (con todo lo que tiene de azar y subjetividad). No obstante, me permitiré un pequeño apunte.
Sabemos que William-Adolphe Bouguereau, simplemente «el pintor» «la hegemonía académica» de la burguesía parisina del XIX, fue odiado, envidiado y denostado por todos los jóvenes vanguardistas que detestaban tanto su éxito como el obstáculo que representaba para su propio camino hacia la fama (algo parecido a lo que en la escena teatral madrileña sucedió en los años sesenta con el auge casi absoluto de Alfonso Paso y los jovenzuelos «vanguardistas» y «revolucionarios» afiliados al PCE y que hubieran dado una mano por ser la mitad de famosos y seguidos que él).
Como el vanguardismo, aupado por los destrozos de la Primera Guerra Mundial y las maniobras propagandistas antiburguesas de determinadas corrientes políticas, acabó triunfando, Bouguereau fue arrojado al olvido, como se condenó al ostracismo cultural a Alfonso Paso tras la muerte de Franco.
Después de la Segunda Guerra Mundial el asunto del arte se convirtió en parte de la propaganda imperialista de soviéticos y yanquis. Los unos apostaban por el arte abstracto, los otros por lo contrario. En ese contexto nada inocente, y seguramente bien financiado bajo mano por diferentes agencias gubernamentales, estalló la controversia entre Dalí y Picasso en torno a la validez de la obra de Bouguereau. Dalí, declarado franquista y fan del capitalismo, la defendía. Picasso, que recitaba de comunista (aunque como el propio Dalí explicó al inicio de su libro Picasso y Yo: «Picasso es comunista, yo tampoco.»), la denostaba.
En esta disputa aparentemente artística podemos contemplar el trasfondo de la lucha «cultural», pero sobre todo propagandística, de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos y, si lo deseamos, subsumida en ella, la estela fratricida (y estúpida) de las dos Españas enfrentadas en la Guerra Civil. Sirve esto para comprender y dar a entender el modo en que los intereses políticos y las ambiciones imperialistas interfieren en el mundo artístico, literario e intelectual viciándolo y prefabricando perspectivas afines al auge de tal o cual facción.
Sea como fuere, y a pesar de estar sujetos a la hostilidad arbitraria de políticos incultos y totalitarismos imperialistas catetos, pintores, literatos, intelectuales y artistas diversos protagonizan carreras de fondo que traspasan con amplitud su temporalidad vital. Y ello me lleva a preguntarme: ¿dentro de quinientos años quién habrá vencido, a quién se recordará y admirará? ¿A Bouguereau o a los jóvenes vanguardistas que le odiaban y trataron de arrojarlo al olvido? ¿A Alfonso Paso o a los jóvenes que le detestaban y presumieron en los setenta de abrir nuevas vías vanguardistas al teatro? ¿Al academicismo burgués anclado en normas clásicas y por lo tanto eternas, o a las vanguardias díscolas y claramente afectadas de un egolatrismo manierista y freudiano regodeo en la propia adolescencia? ¿A Dalí o a Picasso?
No seré yo quien desconfíe de los algoritmos y afirme que la neutralidad en la red es ficticia y existe una sutil censura destinada a la manipulación ideológica y ocultación de la disidencia. No…Ni siquiera recordaré las veces que mi anterior blog, Disidente por Accidente, sufrió extraños bloqueos después de criticar tal o cual política, tal o cual empresa…
Solo digo esto: si criticas a Elon Musk, la estafa de las criptomonedas, la agenda 2030, los tejemanejes y chiringuitosfeminazis…se nota. Por lo que sea, el flujo habitual de visitantes se reduce a un tercio o menos, tanto en esos artículos en concreto como en todos los demás. Será que no hay lectores en el mundo que quieran ver esa otra perspectiva de las cosas…será.
De modo que no quiero caer en la conspiranoia y no diré que vivimos una tiranía oculta que manipula lo que vemos o no vemos en internet. Es todo culpa mía por pensar lo que no debo y comunicarlo al público. (Disidente malo—me dicen).
Por cierto: esta es otra de esas entradas que no se verán…o casi.